"Si derrumban Los Palomares y dejan sola a la gente es barrer abajo de la alfombra" (Entrevista)




"Si derrumban Los Palomares y dejan sola a la gente es barrer abajo de la alfombra"


Una investigación ilumina la trayectoria y diversidad del barrio Casavalle

Viaje, etnografía y arquitectura: comunicar la experiencia de la espacialidad







Conferencia en el marco de PLEXO - Territorios lúdicos, Proyecto Académico del Viaje de Arquitectura 2018, FADU-Udelar, 15 de febrero de 2018, Montevideo.

Versión completa en vídeo


Habitar la movilidad: el andar del transeúnte urbano contemporáneo











Ponencia de Eduardo Álvarez Pedrosian en el Foro Seguridad Vial, Comunicación Reflexiva: sobre la influencia de la comunicación en la implementación de las políticas públicas con énfasis en seguridad vial

Organizado por la UNASEV-Presidencia de la República, con el auspicio de la Organización Mundial de la Salud (OMS-ONU) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el apoyo de la FIC-Udelar, 31 de octubre de 2017, Montevideo.

A un año de la nueva plaza Casavalle: Entrevista a Eduardo Álvarez Pedrosian






9-12-2014 - 15:00

Entrevista realizada por la Unidad de Comunicación del Municipio D a Eduardo Álvarez Pedrosian, autor del libro Casavalle bajo el sol

La entrevista fue realizada en la Plaza Casavalle, epicentro de la investigación que Eduardo Álvarez Pedrosian realizó durante los años 2007-2009. La Plaza no existía, tampoco el SACUDE ni espacios institucionales como el mismo Plan Cuenca Casavalle.

Por eso lo invitamos a compartir los aportes más destacados del libro, de su experiencia con el territorio desde el mismo territorio, brindando una mirada en perspectiva histórica reciente, dando cuenta de permanencias y cambios detectados previo al primer aniversario de la Plaza Casavalle: Un lugar para todos.

La entrevista está dividida en 6 partes a las que se puede acceder a continuación.






Entrevista a Eduardo Álvarez Pedrosian

Diseño en y de las territorialidades del Oeste montevideano



Exposición en la Jornada Diálogos para el Oeste que se viene. Programa Apex-Cerro (CSEAM-Udelar). Con la participación de Equipo Centralidades Urbanas, Instituto de Teoría y Urbanismo (ITU-FADU-Udelar), Municipio A (Intendencia de Montevideo) y AJUPEN FOICA (Federación de Obreros de la Industria de la Carne y Afines), Programa en Comunicación, Arquitectura, Ciudad y Territorio (ACTCom, Labtee-FIC-Udelar), Montevideo, 29 de marzo.


Nota de prensa Municipio A - Montevideo

El habitar como mediación ambiental: el diseño de nuestras prácticas entre el determinismo y la libertad




Programa


Exposición en las XV Jornadas de la Red Temática de Medio Ambiente (Retema): derechos humanos y medio ambiente. Organizado por la Retema-Udelar, 13-14 de septiembre de 2017, Montevideo.



Toda la Mesa disponible:





I° Jornadas de Precariedad Urbana y Desigualdad Territorial (prólogo)





Álvarez Pedrosian, E. (2017). Prólogo. I° Jornadas de Precariedad Urbana y Desigualdad Territorial. Programa Integral Metropolitano (PIM) - CSEAM-Udelar, Intendencia de Montevideo (Junta Departamental, Municipio F y Consejo Cuenca Chacarita), Montevideo, pp. 9-11.




Prólogo



            Es para mí un honor y una gran alegría compartir con los lectores la publicación de estas jornadas sobre precariedad urbana y desigualdades territoriales. Este pequeño prólogo no es más que una invitación a adentrarse en la espesura de contenidos tan profundos y necesarios desplegados por todos quienes participaron durante los dos días en que tuvo lugar, en el Centro Cultural Bella Italia, en la populosa barriada homónima de Montevideo. Para quienes estamos dedicados a estas problemáticas, el haber podido colaborar en ellas -en mi caso como coordinador de uno de los talleres-, como el contar con esta publicación para las futuras acciones de aquí en más, marcan un antes y un después.
            Ello por varias razones. En primer término, como se verá a lo largo del libro, el encuentro fructífero entre vecinos, técnicos y académicos, no es poca cosa. Cierto es que existen muchas aspiraciones bienintencionadas al respecto, pero la complejidad de la comunicación entre esferas y campos de saberes y quehaceres más en general, totalmente tensionados por relaciones de fuerza muy desiguales, hacen de esta aspiración algo muy distante de las realidades concretas que pueden alcanzarse. Esta experiencia, por eso, creo que marca un hito al respecto, fruto de los esfuerzos de todos quienes se articularon para trabajar juntos en medio de estos desafíos. Cada lector evaluará el grado y tipo de transversalidad alcanzada, tan solo les propongo tener en cuenta desde el arranque que estas conexiones están presentes en las prácticas de los propios protagonistas, desde la gestión ministerial o la planificación urbana municipal, a los ámbitos sindicales, así como de enseñanza, investigación y extensión universitaria.
            Y en segundo lugar, las problemáticas que nos convocan son de una importancia tal para el desarrollo de nuestra sociedad toda, que exigen a un mismo tiempo desplegar miradas tácticas y estratégicas, proponer soluciones a mediano plazo como poder imaginar grandes transformaciones a lo largo del tiempo. La falsa dicotomía entre pensar y actuar, entre teoría y práctica, se desvanece en pos de unas prácticas productivas con horizontes de transformación al mismo tiempo que se sustentan en los caminos de materializaciones que paso a paso van jalonando las conquistas colectivas: esto es lo que la misma práctica de la transformación del entorno nos enseña, lo que se encuentra "entre" los haceres del vecino que autoconstruye para mejorar su vivienda, los obreros que levantan con sus manos la ciudad, los arquitectos y urbanistas que no se resignan a los constreñimientos de lo existente y exploran nuevas vías de desarrollo. En medio de todo ello, los especialistas de las ciencias humanas y sociales, algunos más investigadores, otros más técnicos, buscamos poner en juego todo lo concerniente a los fenómenos humanos de existencia implicados en el hábitat y el habitar.
            En ambos sentidos señalados, sobre el cómo y el qué entrelazados en esta jornada y su publicación, debemos encontrarnos con una de las concreciones de un proceso mayor, el del Consejo de la Cuenca del Arroyo Chacarita, ámbito donde esto se fue gestando. Todos los participantes tienen preocupaciones y llevan a cabo actividades más allá de la zona específica, por supuesto, pero encuentran en esta el caso para concretar este esfuerzo transversal y transformador. Demás está decir que para los habitantes se trata de algo primordial. Pero también tengamos en cuenta que aquellos que se suman tanto en la Comisión como en esta jornadas en particular, lo hacen porque comparten una mirada más amplia y no se quedan ensimismados en su pequeño mundo cotidiano, lo que sería reafirmar esa misma fragmentación que se quiere superar.
            No resulta nada sencillo aprehender la heterogeneidad de los territorios que componen la zona, ni otras de la llamada periferia urbana. Esta "colcha de retazos" o patchwork, es un tipo de trama socio-territorial por demás escurridiza y difícil de asir. Sin un conocimiento a la altura de las circunstancias no es viable el planteo de alternativas, o por lo menos el poder esbozar y poner en funcionamiento modificaciones con ciertas posibilidades de éxito relativo. Territorialidades de barrios tradicionales al estilo de la ciudad-jardín ocupados por sectores de trabajadores cercanos al medio rural, junto a otros de perfil obrero y sus industrias emblemáticas desmanteladas hace décadas, complejos habitacionales de diversas épocas y tipologías incluyendo cooperativas de viviendas con sus particularidades, así como asentamientos más o menos regularizados, se yuxtaponen y solapan según esta lógica de fragmentación en escenarios de precariedad de larga data, organizados por un gran eje longitudinal cruzado a su vez por otros de rutas secundarias. A ello hay que sumarle la presencia de emprendimientos transnacionales de grandes superficies, siendo el caso paradigmático el enclave de la zona franca, junto a la aparición, ya en el departamento contiguo de Canelones, de los "barrios privados".
            Precariedad concentrada y dispersa, así como la de borde, son configuraciones o lógicas socio-territoriales con sus cualidades distintivas, que se combinan de maneras diversas en nuestros territorios. Complejos habitacionales que se han precarizado de tal forma que se constituyen en asentamientos, pueden estar ubicados a su vez en un denso entramado de concentraciones, o ser parte de una dispersión considerable, representando unidades en medio de terrenos libres de construcciones. Y de la misma forma se dan las demás combinaciones, como se expone en las diversas conferencias brindadas en las mesas respectivas: dispersión de precariedad entre tramas, cual salpicaduras o focos de descomposición, etcétera. Todo ello cambia según la escala, en el movimiento entre dimensiones, desde el interior de las viviendas a la ciudad toda y más allá, en lógicas de visibilidades distintas.
            Las temáticas aquí abordadas y la problematización efectuada por todos los participantes constituyen un insumo fundamental, y como expresé al principio, su publicación marca un antes y un después para todos quienes trabajamos en esto. Confío en que cada lector sabrá sacar provecho de ello, y ojalá en un futuro no muy lejano nos encontremos en una ciudad más inclusiva, con espacios de vida dignos para el desarrollo de todos. El trabajo sobre el hábitat, sobre el diseño de nuestros ambientes, desde una habitación doméstica a una zona de la ciudad, es una condición indispensable para situar cualquier tipo de política social, más aún para hacer sinergia entre ellas e integrarlas en un mismo movimiento de emancipación.


Eduardo Álvarez Pedrosian
Laboratorio Transdisciplinario de Etnografía Experimental
Facultad de Información y Comunicación
Universidad de la República

Marzo de 2017


Navegar en la experiencia de la integralidad




Álvarez Pedrosian, E. (2016). Navegar en la experiencia de la integralidad». En Producción de conocimiento en la integralidad: potencialidades y alcances en la Universidad de la República. Grupo de Trabajo Producción de Conocimiento en la Integralidad, Programa Semillero de Iniciativas Interdisciplinarias, Espacio Interdisciplinario (EI-Udelar) - Red de Extensión (CSEAM-Udelar), Montevideo, pp. 63-72.


Acceso al libro completo


Navegar en la experiencia de la integralidad
Eduardo Álvarez Pedrosian


1. Henos aquí

            Considero que en estos cinco años, desde que aproximadamente se comenzó a implementar la cuestión de la integralidad en nuestro campo académico hasta el presente, se ha avanzado de una manera bastante interesante en varios frentes, no siempre de forma lineal, lo que responde como veremos a cuestiones que hacen a las características del conocimiento y el pensamiento que se produce. Ante todo planteo un enfoque epistemológico al respecto, por lo cual nos encontramos en el intersticio entre las ciencias y la filosofía. Se trata de una bisagra que es también pliegue recursivo, donde aparecen meta-niveles no necesariamente definitivos, pero sí habilitadores de una perspectiva reflexiva, productora de nuevos conocimientos y pensamientos que pueden potencialmente enriquecer el proceso productivo que estamos considerando como tema principal en esta oportunidad.
            El camino de nuestra Universidad creo que ha sido valiente y de un gran compromiso. En algún sentido podemos decir que la apuesta por la integración de la investigación, los procesos de enseñanza-aprendizaje y los de extensión y relacionamiento con el medio más allá del campo específico han significado la apertura de la "caja de Pandora", al habilitar la puesta en consideración y crisis de una serie de supuestos epistemológicos e incluso ontológicos, éticos y políticos. Si no hubiéramos optado por este camino puede ser que las cosas parecieran hoy más sencillas, desde el oficio académico, pero por ello mismo no tendríamos la riqueza de producciones, los debates en marcha, el ejercicio de un pensamiento honesto e involucrado con su mundo como en el que creo estamos inmersos. Por supuesto que todo esto genera incomodidad, incluso temores, pues hace tambalear a todo el edificio de certezas y convicciones más o menos estables. Pero la apuesta lo merece, y los intereses de otras universidades regionales y de otras latitudes sobre este proceso es un buen testimonio de la importancia y alcance que esto tiene no solo para nosotros.


2. Integralidad no como totalidad, sino como articulación

            Cuando pretendemos avanzar en la profundización de la integralidad, no podemos dejarnos llevar por la falacia de la totalización, buscando alcanzar algo así como un absoluto. De lo que se trata es de superar la fragmentación, tanto entre perspectivas disciplinares como entre las llamadas funciones universitarias, las cuales, como hemos desarrollado en otra oportunidad, responden a diferentes órdenes o dimensiones de las prácticas. Esto debemos de tenerlo claramente planteado, de lo contrario perseguiremos quimeras y llegaremos a callejones sin salida en busca de una ilusión. Pues bien, esta articulación, síntesis productiva derivada de la experiencia misma de su generación, no tiene límites, y obedece a diferentes tipos de actividades, con sus respectivos agentes de variada naturaleza y sus agenciamientos. Existen ciertos niveles relativos de consistencia, recursividades y referencias cruzadas que logran auto-sustentar el conocimiento generado en tal o cual circunstancia. ¿Cómo encontrarlos, qué indicadores tomar para saber si alcanza o no lo que hemos hecho al respecto? Por allí van los desafíos, no por el lado de la totalidad o conjunción absoluta de los elementos, perspectivas y actividades, algo que incluso es pernicioso, en tanto eliminación de la heterogeneidad y multiplicidad de nuestras prácticas.
            Es como intentar llevar a cabo actividades integrales a nivel discursivo, pero manteniendo una actitud contrario en los otros, con lo cual las cosas siguen igual a como estaban, o incluso pueden estar peor al generarse falsas expectativas. Me refiero al hecho de que no es posible llevar a cabo prácticas integrales que puedan saturar completamente todas las exigencias en los términos previos a su formulación, desde el esquema heredado de las tres funciones universitarias y sus estándares instituidos: llevando las investigaciones a sus máximas consecuencias, según todos los requerimientos educativos relativos al contexto pedagógico y formativo en el que estemos ejerciendo la tarea docente, y en la máxima condición de extensión posible. Lo que tenemos son combinaciones resultantes, fruto de la experiencia singular generada por todos los participantes en cada caso, donde hay mayores o menores pesos relativos de los componentes. Puede ser que en términos investigativos, un ejercicio de integralidad llevado a cabo en el marco de un curso de grado no parezca ser de relevancia en comparación con lo que sucede dentro de un proyecto de investigación y desarrollo por ejemplo. Ciertamente no son lo mismo, se trata de experiencias diferentes. A su vez, esto no invalida el hecho de que, si se lo hace integralmente, dentro del espacio docente se puedan generar insumos cognoscentes de gran valor, en tanto fermentos, indicios, incluso datos específicos, que puedan inspirar, alimentar, ser reconsiderados en otras instancias. Ni todo, ni nada: cada práctica integral en tanto ejercicio de articulación genera sus propios procesos y productos, que deben ser valorados en relación a los parámetros que emergen en la propia circunstancia de su realización, y desde allí pueden ser retomados por otras prácticas que a su vez harán mayor o menor énfasis en tal o cual orden de asuntos.


3. La gestión de la incertidumbre entre espacios y tránsitos integrales

            Existen diversas concepciones de la investigación, más cuando nos abrimos a diferentes campos y áreas de actividades más allá de las ciencias. A pesar de ello, considero a la creación de conocimiento como su generalidad, en el esfuerzo por caracterizarla en la articulación con la enseñanza y la extensión. Si bien es cierto que existen momentos, situaciones y ámbitos de la investigación más cercanos a la automatización de las tareas, al estilo de las rutinas científicas de procedimientos una y otra vez reproducidos, computación de información generada bajo una misma matriz repetitiva, no deja de ser una cuestión creativa. La aparición de lo nuevo, la divergencia en relación a lo que existe con anterioridad y su prolongación en series hasta donde sea posible realizarlo, puede tener momentos más o menos radicales, pero no deja de ser el corazón de la empresa investigativa.
            Si estamos investigando algo es porque no sabemos y deseamos crear ese saber, y esto es lo que abre y sostiene la marcha en un universo de posibilidades y virtualidades a ser explorado. Si ya tuviéramos las respuestas que estamos buscando no se justificaría realizar los esfuerzos necesarios, soportar el intrincado complejo de ensayos y errores, aproximaciones, reformulaciones y demás. Todo ello, cuando se lo hace con un espíritu integral, es decir, intentando que se inserte en dinámicas de enseñanza-aprendizaje tanto dentro del campo académico correspondiente como en las dialógicas conflictivas con entornos externos de variada índole desde el punto de vista de la extensión, nos exige tener explícitamente en cuenta el problema de su implementación. Pues si una cosa ha caracterizado al modelo de investigación científico-tecnológico hegemónico que llegó hasta nosotros, es la creación de un dispositivo donde se combina el azar y la necesidad, el caos y el orden, la indagación que logra romper radicalmente con la naturaleza fenoménica de forma controlada, siendo el laboratorio experimental su máxima expresión.
            Esta apertura clausurada, creatividad contenida, no es casual, responde a una necesidad muy compartible, derivada de los descomunales poderes que se desprenden de la empresa. Pero ha tenido su contracara en la justificación de una frontera claramente delimitada, o la promoción por alcanzar siempre su establecimiento. De esta manera existe un mundo de expertos e idóneos capacitados, y el resto. Y esto ocurriendo incluso entre las diferentes disciplinas y áreas de investigación. Si bien la integralidad apuesta por una apertura de esta condición, una democratización del conocimiento en tal sentido, en sus mecanismos de producción y gestión, las cosas no son nada sencillas, por el simple hecho de que no todos estamos en las mismas condiciones y eso es muy importante tenerlo bien presente. Creer que con enunciarlo alcanza, es otra gran falacia que más que ayudar a dicho proceso lo puede terminar por hundir ante la terrible experiencia de no alcanzar a producir nada nuevo, no poder crear conocimiento de ningún valor.
            La apertura a lo desconocido necesita de importantes herramientas para poder navegar entre las incertidumbres y perplejidades que una y otra vez se nos presentan. Los caminos de la investigación son variados según los campos y áreas que se consideren, pero lo común junto a la creatividad es la incertidumbre que ella conlleva. El aislamiento o especialización que sigue caracterizando a la mayoría de los espacios académicos de producción, se justifica por este motivo, entre otros de los sentidos que esto puede tener. Abrirnos a la participación de estudiantes de grado y posgrado, dentro de procesos de aprendizaje donde se están formando los investigadores continuamente, o más aún involucrando a diferentes actores sociales ajenos al campo, no puede hacer que se anule esta actividad creativa, sea por convertirse en intolerable la incertidumbre desencadenada por la ruptura con lo dado de toda actividad de creación de conocimiento o por la dispersión y el desorden en el que se puede caer al no contar con ninguna manera de controlar el proceso de apertura generado por esta brecha entre lo esperable y lo desconocido, para no volver a la vieja fórmula tan bastardeada de la doxa y el logos. No es casual que la gestión aparezca entre nosotros como una nueva función a considerar junto a la investigación, la enseñanza y la extensión, en los albores del siglo XXI.
            Hay que desarrollar esta dimensión fundamental para el sostenimiento de las prácticas, pero a costa de una vigilancia para que esta tampoco se convierta en un fin en sí mismo, uno de los grandes males que aqueja a las universidades contemporáneas. Estos dilemas creo que los hemos vivido a través de las diversas experiencias que han conformado el bagaje de la integralidad hasta el momento, en especial bajo la forma de los Espacios de Formación Integral (EFI), los dispositivos en los que se concreta todo esto. Son corrientes las frustraciones generadas, la insatisfacción en muchos casos relativas a lo poco que se ha podido rescatar de las experiencias, o los duros enfrentamientos en términos de la búsqueda de formas de evaluación que permitan decidir qué vale la pena apoyar y qué no. Considero que el paso de Espacios a Tránsitos responde a estas inquietudes, y es una muy buena forma de proseguir con el fomento de la integralidad, pues es reconocer el carácter procesual del fenómeno, tanto desde el punto de vista de los estudiantes que necesitan armar itinerarios de formación más allá de tal o cual asignatura puntual, como de los docentes que al estar investigando no podemos reducir las prácticas a unos pocos meses, con colectivos que se van alternando en forma discontinua.
            Esta misma gestión de la incertidumbre tiene que ser un elemento central en los diálogos transversales, más horizontales, más verticales, tanto con los estudiantes como con los demás actores sociales involucrados desde la extensión y las actividades en el medio. Nuestro compromiso debe ser honesto con esta condición transitoria, precaria, parcial, tanto epistemológica como ontológica, que caracteriza a toda investigación, colectivizando tanto las certezas como las dudas. Es una condición variable pero que está presente tanto antes, como durante y después de que consideramos cerrado un proceso de investigación-intervención. Y todo ello lo hemos venido experimentando concretamente en el enorme esfuerzo que ha generado entre los docentes la implementación de los espacios de docencia integral, los cuales han tenido que luchar contra todo tipo de fragmentación vigente, por los requerimientos formales curriculares, incluso por la falta de valoración dentro de la propia institución que los fomenta pero no los termina de comprender en el marco de las formas preexistentes de computar el trabajo académico. Muchas horas demás para que todo funcione, mayores inconvenientes para gestionar las tareas corrientes, donde se apela en muchos casos a la militancia y la entrega personal confundida con el ejercicio profesional llevado a cabo en calidad de trabajadores.


4. Sin tierra firme a la vista

            Para finalizar con estas pocas consideraciones relativas al camino recorrido y los desafíos que tenemos por delante, me parece pertinente recalar por último en algunas cuestiones relativas a la dialógica no solo entre disciplinas, sino entre las grandes áreas de pensamiento que han configurado nuestra episteme hasta la actualidad, las que se expresan en nuestro contexto universitario en los términos de las grandes áreas en las que se agrupan las diversas facultades y servicios en general. Algo ya he insinuado en lo que respecta a la mirada más amplia que debemos desarrollar en torno a la investigación, entendiendo que está presente no solo en las ciencias y los ámbitos de su aplicación. Hay investigación en las artes, también en la filosofía, y existe una diferencia muy importante entre ciencias exactas, naturales y humanas y sociales. Sobre esto existen variadas formulaciones epistemológicas y gnoseológicas que deben ser tenidas en cuenta para comprender la riqueza y el valor de la singularidad en cada caso, al mismo tiempo que nos permite pensar sobre las articulaciones que estamos llevando a cabo y las que podemos llegar a suscitar.
            Si esto ocurre en lo relativo a la investigación, pensemos en lo complejo que resulta una vez lo concebimos integralmente, es decir, en las peculiaridades que también existen en términos de enseñanza-aprendizaje y las formas de vinculación de estas prácticas en diferentes entornos sociales. Hacer integralidad desde las artes, la filosofía y las diversas ciencias no es similar. Y cuando, a su vez, generamos experiencias donde las combinamos, quedamos inmersos en situaciones muy desafiantes. Creo que a estas alturas del proceso de implementación y desarrollo de una perspectiva integral, podemos prestar mayor atención a todo ello. Si bien la experimentación puede llevarnos a realizar ejercicios combinatorios, implementar espacios docentes y ponerlos en marcha sin más, se hace necesario afinar los procedimientos, enriquecer las reflexiones que se derivan, sacarle mayor provecho a lo realizado para potenciar los futuros pasos a seguir.
            Me parece que cuanto mayor es la maduración de la propuesta de la integralidad, más presencia de lo epistemológico y gnoseológico debe haber, tanto en la formulación de las experiencias como durante su puesta en práctica y las derivaciones posteriores que puedan desprenderse. Sin una perspectiva crítica y creativa sobre la misma producción de conocimiento no es posible afinar los procedimientos, aprender a sacarle partido a cada experiencia integral, encontrar la forma de calibrar nuestra mirada para saber aprender de los aciertos y los errores. Y es que no existe una gran teoría unificada, una meta-teoría que lo abarque todo; eso sería desconocer la investigación filosófica, la epistemológica en concreto, y pretender una vez más supeditar todo ante las ciencias en su versión más estandarizada, reduciendo al pensamiento a una mera actividad administrativa, protocolar.
            Investigar sobre cómo investigamos integralmente, es una tarea que se desarrolla conjuntamente con las propias investigaciones en los diversos dominios de los que se trate. No es algo que esté por encima ni por debajo, sino que viene junto con, en medio de, entre las cosas que hacemos. Sin dudas, esto requiere más trabajo, más preparación, mayor compromiso con las tareas. Esto no reduce la incertidumbre sino que más bien nos pone a la altura de las exigencias que ya nos hemos impuesto, una vez echamos a andar por los caminos de la integralidad.

Impulsos, frenos y crisis en la aldea mundializada




Álvarez Pedrosian, E. (2017). Impulsos, frenos y crisis en la aldea mundializada. En Crisis, comunicación y crítica política. Serie Estudios Culturales y Teoría de la Mediación 6, Del Valle Rojas, C. y Silva Echeto, V. (coords.), Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), Quito, pp. 125-150.




Extraños déjà-vus

Extraños déjà-vus suelen experimentarse cuando se contemporizan realidades a uno y otro lado del mundo. Para nuestro caso, haciendo un primer foco en Iberoamérica, lo que hemos estado viviendo en esta última década en ciertas regiones de América Latina y en España, parece un enjambre de idas y vueltas, pliegues y torsiones en torno a la cuestión de la democracia. No hace realmente mucho tiempo que la violencia directa por parte de regímenes sostenidos en el terrorismo de Estado reinaba, en diferentes tiempos cruzados, a uno y otro lado "del charco". Las políticas neoliberales fueron instalándose en las décadas siguientes, pero los procesos divergían: América Latina era una vez más saqueada, y los efectos que eso tendría volverían a ser catastróficos para una inmensa población, mientras que el proceso de integración enunciado como económico en principio, en Europa, parecía ir de maravillas, fruto en gran medida de este tipo de efectos en las regiones del planeta históricamente sometidas a su colonialismo.
Cuando se habla de la crisis de principios de milenio vienen las imágenes de las protestas en Buenos Aires, la huída del presidente argentino en helicóptero de la casa de gobierno, multitudes movilizadas en comedores populares en las periferias y más allá del centro tomado por la clase media y sus cacerolas ante bancos y otras instituciones financieras. Memorias del saqueo, de Pino Solanas, es brillante al respecto (Solanas, 2003). Una década después ocurre lo mismo dentro de Europa, entre norte y sur. Parece tratarse de un movimiento fractal, donde la lógica binaria y su dialéctica capitalista pasa a desplegar un ataque similar al realizado fuera de fronteras para volverse sobre su interior, recurriendo o reeditando viejos mapas geopolíticos. En todo caso, los procesos de resistencia y movilización que se han desarrollado, han resquebrajado la pretendida imagen del mundo (Silva Echeto, 2014), ese "concebir al mundo como imagen" (Heidegger, 2010), que el denominado "pensamiento único" pretendió consolidar tras una larga historia. Más aún, ha ido a las bases de dicha condición de representación, al poner la cuestión de la democracia en juego (Harvey, 2013).
La mundialización o planetización de las culturas tiene efectos recíprocos en los procesos de subjetivación, en cómo se dinamizan acciones sociales y se producen formas de existencia. Estas distancias espacio-temporales no desaparecen, sino que entrar en un nuevo régimen de conectividad, que tampoco es homogéneo, dependiendo en gran medida de la infraestructura técnica asociada a cada red, en el sentido más amplio. Desde la información televisiva a los contactos familiares y experiencias propias de migración y transculturación. Esta mundialización lleva siglos conformándose, por momento emergen esencializaciones, presentadas como grandes oleadas de homogenización, y por otros o en algunos sectores se disparan líneas de fuga que marcan posibles rumbos diferentes ante esa hegemonía. Se convive, de hecho, en una situación híbrida y heterogénea siempre en conflicto con la axiomática capitalística (Guattari, 2004).
Algunas experiencias latinoamericanas se han encaminado en dichos procesos de transformación a lo largo de la última década. Teniendo como tradiciones la colonización y su resistencia histórica, las supuestas crisis económico-sociales han sido una constante. La famosa brecha entre los que más y menos tienen, pone aún al continente como el más desigual de todos. En este contexto, nos enfrentamos a situaciones críticas propias de las contradicciones del capitalismo clásicamente enunciadas: ante la mayor inclusión al sistema (vía servicios para satisfacer derechos, entrelazado y a través de la promoción del consumo en el mercado) se generan mayores demandas y conflictos (Holston, 2009). Esto se está debatiendo en estos momentos en Argentina y en Brasil principalmente. Allí radica la cuestión: ¿qué desarrollo está en juego; inclusión a qué? ¿Se ha logrado tocar en algo la matriz de la subjetivación política de nuestras sociedades, o se ha tratado tan solo de un "bienestar" más "humanitario"? (Fassin, 2012). Tengamos cuidado: no es nada menor poder comer todos los días, tener a los niños en buen estado de salud y acceder a estándares de vida que consideramos dignos. Pero como ha sucedido en diversos momentos, cuando un proceso se convierte en revolucionario tiende a sostenerse en la permanencia de dicha condición, de lo contrario ya no es tal; y una vez que se libera el proceso de autonomización y poiesis las exigencias en términos de calidad, compromiso y concreción son cada vez mayores.
Cuando empieza a resonar por todos los medios masivos de comunicación la alerta de una crisis mundial, como sinónimo de totalizante, no parece ser igual en Estados Unidos y Europa que en otras latitudes. Las posiciones diferenciales en lo relativo a los modelos hegemónicos, su construcción y despliegue, así como la existencia de otras formas alternativas a estos. Pero no por ello se puede decir que existen "verdaderas crisis", como se planteaba hace unos años, antes de encontrarnos ante la profundización de los problemas en el sur del norte: no son cuestiones comparables, al mismo tiempo que están interconectadas. Este parece el desafío para pensar en el mundo contemporáneo: existen procesos globalizantes que barren universos heterogéneos de vida, junto a la emergencia de nuevas síntesis singulares y singularizantes en su seno (Deleuze y Guattari, 1997; Guattari, 2004). Extraños déjà-vus se remiten unos a otros, hasta darnos cuenta de que nos encontramos envueltos en ellos, en ciclos constantes de vaciamientos, sobrecargas especulativas, abandonos de todo control, saqueos y represión brutal de las poblaciones, junto a la emergencia de estrategias y resistencias múltiples que llegan a modificar prácticas constitutivas de condiciones de clase, género, etcétera (Álvarez Pedrosian, 2002; Téllez Infantes, 2012).
En este trabajo proponemos que el actual estado de crisis mundial es una dinámica de totalización de las recurrentes, que han intentando u operan tendiendo a una homogenización del sistema capitalista. Dada la lógica esquizofrénica de su configuración, logra plantear en la esfera pública un estado de cosas que denomina crisis, y con ello intenta asegurarse de que la emergencia sea el estado permanente, tal como Benjamin (1973) lo evidenciara. La fantasmagoría de los temores y angustias del estado de crisis social, ha llegado quizás a todos lados, y su recepción es profundamente singular. La crisis es tanto real como virtual, ha sido creada tanto como se convierte en viralmente incontrolable, en el entendido que todo simulacro es resultado de prácticas constructivas donde las relaciones entre ser y parecer, y no-ser y no-parecer, se muestran complejas y múltiples ante nociones clásicas como las de falsedad, ocultamiento o mentira (Vázquez Medel, 2007). Convertir lo extremo, el estado límite de sobrevivencia o la precariedad existencial más en general en lo corriente, parece la contracara de aquél modelo basado en el consumo fugaz y vacío ya denunciado hace décadas.


Una caja de resonancia

Ni la preeminencia del Estado (al estilo del socialismo burocrático) ni la del mercado mundial (bajo la tutela de las ideologías neoliberales) tienen por qué regentar el porvenir de las actividades humanas y sus finalidades esenciales. Sería necesario poner en marcha una concertación planetaria y promover una nueva ética de la diferencia que sustituyera los poderes del capitalismo actual por una política de los deseos de los pueblos. Ahora bien, semejante perspectiva ¿no corre el peligro de conducir al caos? A ello responderé que, en todo caso, la transcendencia del poder conduce al caos, tal como demuestra la crisis actual. ¡Aunque, mirándolo bien, el caos democrático es preferible al caos que resulta del autoritarismo! (Guattari, 2004, p. 123).

            Proponemos tomar en consideración dos fenómenos de alta conflictividad social en el Uruguay contemporáneo. Este perspectiva etnográfica de profundización a partir de casos, en tanto universos de singularización, hace que las cuestiones sistémicas puedan ser legibles, pues es como se presentan en la experiencia. Entre lo local y lo global o planetario, hay diferencias de escala, pero que no son solo cuantitativas, siendo en las cualidades involucradas en los saltos dimensionales donde hay que buscar, encontrándonos con traducciones, adaptaciones, discontinuidades, solapamientos, usos instrumentales y mucho más (Marcus, 2001; Boeri, 2010). El caso puede ser por demás interesante, una vez que según los "índices de desarrollo humano" definidos por PNUD-ONU, encontramos al Uruguay en el cuarto puesto en América Latina en 2014 por ejemplo, tras Chile, Cuba y Argentina consecutivamente (El Observador, 2014). ¿Qué ocurre, por tanto, en un "emplazamiento" (Vázquez Medel, 2007) que parece ir a contramano, en el momento en que la llamada crisis mundial insiste en expandirse por todos lados? Evidentemente, la misma construcción de esa información es parte de los fenómenos que están en juego en la problemática, lo que hace aún más interesante la cuestión. Los otros tres países de la región mencionados completan un panorama por demás perplejo, cuando pensamos en las dificultades específicas que se vienen dando en cada coyuntura. Pero es que en ese plano "crítico" es que se encuentra la disputa por lo real, y en el que es aún el continente "más desigual" del planeta. Dicho informe también alerta sobre los efectos nocivos de la "crisis económica internacional", que frenó los avances así medidos.
            Las dos cuestiones que consideraremos desde el punto de vista de la producción de subjetividad, refieren al residir y al formarse y se encuentran, como veremos, íntimamente ligadas. Ellas operan de forma diferencial en las esferas de los medios masivos de comunicación, lo cual las involucra de lleno en las narrativas mediáticas y sus paisajes actuales (Rincón, 2006). Una, la relativa al Plan "socio-habitacional" de autoconstrucción de viviendas promovido directamente por el presidente José "Pepe" Mujica durante su gobierno (2010-2015), y la otra, en torno al conflicto sindical y social de los trabajadores de la educación en el contexto de la ley de presupuesto para el gobierno siguiente, son emergentes por demás relevantes. Mediáticamente, como planteamos, fueron tratados de formas incluso opuestas, teniendo "vidas mediáticas" distintas.
            La primera cuestión, relativa al llamado casi solitario del presidente Mujica por hacer algo frente a la situación de precariedad en la que aún tienen que vivir los sectores más desfavorecidos de la sociedad local -nada más ni nada menos que mujeres jefas de hogar con pequeños niños a cargo en su gran mayoría-, fue al principio casi desoído. Durante un tiempo el Plan intentó generar una imagen y movilizar apoyos, principalmente a través de noticias informativas. Con posterioridad, durante el año de campaña electoral para el siguiente gobierno, el llamado "buque insignia" de Mujica fue objeto de ataques mediáticos que evidenciaban los límites de lo posible, hasta dónde y cómo llegaba el freno a las mejoras en equidad y condiciones de existencia en el conjunto de las relaciones de fuerza del sistema político local. Por otro lado, hace ya muchos años que se plantea una "crisis educativa" en Uruguay, en concordancia con los procesos de transformación de la llamada sociedad de la información y el conocimiento. La movilización sindical del último tiempo ha alcanzado niveles de conflictividad quizás inusitados para el contexto nacional, más considerando la propia participación de amplios sectores involucrados en la historia de izquierda, ya en su tercer gobierno. Como algunos protagonistas en los combates cuerpo a cuerpo con la policía llegaron a manifestar, sólo lo consideran comparable con la represión de la última dictadura cívico-militar de corte neofascista (1973-1984).
            Así es como el problema del habitar -con amplios sectores de la población muy vulnerable teniendo que residir en condiciones de gran precariedad- y del sistema educativo -en una conflictividad sin pausa y sin descanso con el Estado por las condiciones generales ante una casi completa desilusión colectiva al respecto- evidencian la clave del tipo de crisis singular, que no muy claramente acompasa el ritmo regional y planetario. Lo primero que se presenta cuando nos enfocamos de esta manera para analizar esto de la crisis contemporánea, es que siempre estuve allí. Se trata, efectivamente, de una condición propia de las territorializaciones, más de las de tipo capitalista. La modernidad como proyecto y forma de vida se instauró sobre la idea misma de crisis (Berman, 1988). Las contradicciones y aporías al respecto, son la suerte de drama ideológico que nos envuelve, siendo el "nihilismo" como es sabido, su producto directo, según se lo concibe en la línea de la crítica de la crítica (Álvarez Pedrosian, 2011). Los cuestionamientos a la modernidad y los modernismos durante la última década del siglo pasado, cuando también se pensaba en términos de una realidad en crisis, trajeron con importancia la reflexión sobre la situación singular de América Latina, donde se hace evidente la hibridación de elementos previos a la modernidad, generados en la modernidad europea, y siendo campo principal de formas que ya no es fácil calificarlas de esa manera (Martín-Barbero, 1995).
            Las grandes desigualdades características de América Latina han estado mucho más matizadas en Uruguay, desde la modernización batllista de principios del siglo XX y sus políticas de bienestar y el posterior desarrollismo, hasta las consecutivas crisis que desembocan en el último golpe de Estado cívico-militar y la posterior década de gobiernos neoliberales. Aquella última crisis regional tuvo su éxtasis en 2002, con niños desnutridos en las fronteras del país, las calles de la capital plagadas de otros pequeños abandonados, la consolidación de asentamientos irregulares en las periferias y el alto índice de degradación generalizada de la vida en ellas, junto al desplome de amplio sectores de la centenaria y relativamente extensa clase media, etcétera. Luego de ello, desde 2004 se ingresa en la era progresista, los índices de desarrollo no paran de mejorar, a la par que los retornos al país sobrepasan las partidas, por vez primera y en forma sostenida desde las décadas previas a la secuencia de crisis instaurada por lo menos desde fines de los años 1950 (Trigo, 1997; Álvarez Pedrosian, 2008).


Vivir como se pueda

            La cuestión del habitar no se reduce tan solo a tener o no tener un techo, sino a la forma en que nos damos una existencia, al diseño de nuestro universo vital. Y esto se da a todas las escalas y en diferentes dimensiones. Como fruto directo de las formas colonizadoras de construcción de América, los territorios del actual Uruguay fueron signados por una intensa confrontación entre la ciudad del colonizador europeo y las vastas praderas onduladas habitadas por los que fueron designados por este como "indios bravos". El exterminio de la población nativa y la expansión y control del territorio, se hizo de una manera que podemos calificar de inacabada. Una lógica centralista, hará de la concentración su mecanismo por excelencia: de todo territorio al capitalino, de las zonas costeras dentro de este, y así sucesivamente. Con las reiteradas crisis a lo largo del siglo XX, serán expulsados contingentes poblacionales que habitaban los márgenes, los arrabales, los intersticios donde fuera posible, no del todo pero sí en gran medida. Junto a ello, las clases más acomodadas también buscarán otros espacios donde concretar sus sueños, siempre orientados en gran parte por la línea de la costa rioplatense y atlántica. De esta manera se da una disgregación territorial, en una población que no cesa de alejarse al mismo tiempo que no crece en números reales (Álvarez Pedrosian, 2014). No es que las densidades intermedias, e incluso bajas, en comparación a otras manchas urbanas latinoamericanas, sean de por sí perjudiciales, des-comunicativas (Álvarez Pedrosian, Del Castillo y Lamoglie, 2014), pero la cultura del eterno colono, encontrando lugares alejados para establecerse, sigue marcando la pauta, con todos los inmensos costos que ello tiene. Mientras las casas abandonadas se cuentan de a miles en la ciudad consolidada, numerosas familias mono-parentales, donde sí nacen la mayoría de los niños, tienen que sostenerse en alguna vivienda precaria en el patchwork de la periferia, fragmentada y cargada de violencia real y simbólica. El Plan Juntos, concebido como "socio-habitacional", surge como respuesta para hacer algo al respecto, a partir de un decreto de ley promovido por el propio presidente Mujica, y financiado con los aportes de su sueldo como tal. Actualmente, en la órbita del siguiente gobierno, ha sido incluido en los aparatos de Estado existentes, después de ciertos temores por una posible pérdida de espíritu emprendedor y autonómico promovido desde un principio, cuestión aún no resuelta del todo. Sin dudas la soledad e incomprensión de la estrategia también signó su desarrollo y condiciona su futuro próximo: no es sencillo concebir cómo la principal figura estatal abre un ámbito de políticas sociales en muchos sentidos por fuera del mismo Estado, o con otros componentes (Magri, 2013), en la búsqueda del encuentro entre el activismo político y el voluntariado, embebido del aura ideológica del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (Vaughan Moppett, 2014).
            Se trata, efectivamente, de una respuesta a lo que se calificó como "crisis socio-habitacional". ¿Cómo pueden darse este tipo de desigualdades tan estructurantes, como la forma en que nos damos un espacio y un tiempo para habitar, y con ello ser? Esto constituye una de los mayores aspectos definitorios de la vulnerabilidad social, la reproducción de la pobreza y la exclusión. Pues bien, frente a este llamado los medios se mantuvieron casi en silencio. Incluso fueron pocos los movimientos sociales que se inscribieron a la propuesta, como el famoso cooperativismo de viviendas uruguayo, que sí aceptó el desafío de ir construyendo un camino de desarrollo al respecto, desde la solidaridad y el compromiso. Quizás la presencia más relevante fue la sostenida por el sindicato de la construcción y actividades afines, de importante peso en el conjunto del sindicalismo organizado y el cual está ligado a las realidades críticas que se intentó e intenta enfrentar a partir de las situaciones y contextos cercanos de muchos de sus integrantes. Como comenzó, hace tan solo unos años atrás, aún no se hablaba de "crisis mundial", la economía uruguaya crecía sin parar y los exportadores y sectores más acomodados en general festejaban casi en silencio, también, por las grandes ganancias generadas. Los sectores medios y bajos vieron mejorar sus condiciones de vida, pero la brecha entre quienes más y menos capitales de variada índole tienen se mantuvo, o incluso aumentó, si tomamos en cuenta indicadores como las competencias educativas (INE, 2015). En tal sentido, este es un ejemplo de cómo podemos encontrar una crisis efectiva en medio de los discursos y la retórica mas-mediática; una manera de concebir, querer enfrentar y buscar estrategias de desarrollo que a su vez no encontró muchos ecos. Mientras tanto, reina el discurso de la inseguridad y la criminalidad, desconocedor de fenómenos decisivos e integradores como este, centrado en acusaciones y estigmatizaciones que recaen una vez más en aquellos que han venido siendo producido por las mismas condiciones que se perpetúan. Esto fue patente durante la discusión en la esfera pública previa al plebiscito que se realizó conjuntamente con las elecciones nacionales de 2014, con el fin de bajar la edad de imputabilidad legal para los jóvenes -cuestión también que atraviesa contextos regionales y planetarios-. El avance de la penalización temprana fue frenado aunque sea por un margen muy reducido, en gran medida por el intenso trabajo de jóvenes cercanos a los movimientos estudiantiles universitario y de educación media, que encontraron en ello una buena causa para la enfocar sus energías.
            De tantas acciones emprendidas durante la presidencia de José "Pepe" Mujica en el Uruguay, la más impactante quizás ha sido la relativa a la regulación de la producción y consumo de cannabis, sin lugar a dudas un enorme cambio de paradigma al respecto y que atañe directamente a la territorialización de la guerra y las mafias del narcotráfico. El presidente donó la gran parte de su salario durante esos años para financiar el plan de vivienda social, algo que no tuvo ni cercanamente una presencia similar en los reportes, notas e imágenes televisivas, videos en YouTube y en canales de variada índole por todo el planeta. En el fondo, se trataba de lo más directamente ligado a lo que consideramos es su mensaje: una forma de habitar sobria. Se sostiene explícitamente en el estoicismo de Séneca, y son sí ampliamente difundidas imágenes de entrevistas hacia él y su compañera de todas las horas, Lucía Topolansky, en la chacra en la que viven una vez son liberados de la cárcel y se reúnen gracias a la amnistía general con el último retorno a la democracia en marzo de 1985.
            Durante su gira por España y otros lugares en el 2013, se generaron una serie de productos mediáticos de carácter informativo, siendo la amplia entrevista realizada en Desayunos de Televisión Española, quizás la más importante para la construcción de las imágenes globales que circulan por el planeta, junto al discurso realizado en la Asamblea de Naciones Unidas de ese mismo año. El término "austeridad" ya era una mala palabra, y Mujica tuvo que buscar otro para ser comprendido, optó por "sobriedad", y se refirió a la carga que generan las cosas y como todo vale tiempo vital, algo imposible de comprar. Qué hubiera sucedido si el mundo hubiera apoyado a este Plan de viviendas tan relevante para todos los involucrados, que tuvo que salir adelante casi en solitario, por múltiples factores tanto internos como externos a su organización. Lo crítico es el estado en que aún deben vivir muchos uruguayos, ante la poca significatividad que puede tener ello para un amplio sectores que se vio directamente beneficiado en el aumento de su poder de consumo, en un país que no ha parado de mejorar en términos generales durante los últimos diez años. Lo crítico es la insensibilidad generalizada, en la propia aldea como en aquellos interesados en diversos puntos y redes del plantea en explotar una figura mediática ante la sed de un tipo de política y político diferente.


¿"Tan ilustrados como valientes"?

            Así como la cuestión del habitar y la forma en que se ha ido diseñando lo territorial a toda escala y dimensión para el caso uruguayo, puede ser considerado como una manifestación de aquella condición de "casi" todo que Real de Azúa (1984) indicaba: casi mercado, casi capitalista, casi... el sistema educativo, por el contrario, fue constituyendo un símbolo de la identidad, digamos, positivamente. Todo comienza con una reforma profunda en la segunda mitad del siglo XIX, promovida por José Pedro Varela, influenciado por el argentino Sarmiento, e impactado por los Estados Unidos de entonces, y en el seno de un régimen de facto "liberal en lo económico, prusiano en lo político, positivista en lo social, romántico en su gestualidad (Trigo, 2000, p. 147). Una escuela pública universal se construye: gratuita, laica y obligatoria, va consolidándose progresivamente, y constituye uno de los elementos centrales en el imaginario autóctono posterior al romántico de la orientalidad allí esbozado, el de la "República Modelo" de principios del siglo XX (Trigo, 1997; Álvarez Pedrosian, 2008).
            Difícil establecer cuándo se instala la idea de que el sistema educativo está en crisis, habría que hacer una investigación detallada al respecto; pero ese es el vocablo casi siempre utilizado para definir la situación, por lo menos desde hace una década y media, quizás en consonancia con los ecos internacionales de entonces al respecto, profundizado por las políticas neoliberales. Lo cierto es que durante el cambio de milenio, las políticas de este tipo se plantearon de otra forma en relación al modelo histórico de integración ciudadana al estilo vareliano, para posicionarse desde un discurso centrado en el reeducar y contener a los potencialmente peligrosos (Martinis, 2013). Los sueldos se vieron sucesivamente degradados a lo largo del proceso, la infraestructura abandonada, junto a las nuevas cargas asignadas en relación a una crisis social casi imposible de contener una vez llegamos a entonces. Durante la última década gobernada por el Frente Amplio se dieron mejores sustanciales, pero el conflicto se intensificó retroactivamente, al mantenerse una contradicción en todas las letras entre las condiciones materiales generales del sistema y los ideales y valores que se repetían míticamente. Incluso se atribuye a José Gervasio Artigas, figura máxima del panteón de la uruguayidad, recuperada y redefinida ya por los románticos de aquellas décadas de la segunda mitad del siglo XIX, esta de entre otras frases: "Sean los orientales tan ilustrados como valientes".
            Pensar la educación como algo que está en crisis implica, por tanto, poner en crisis el imaginario social y los demás elementos que componen la identidad nacional, proyectada fuertemente por los medios masivos de comunicación y retomada por doquier. Recordemos que la idea misma de un país como Uruguay fue sucesivamente puesta en duda por pensadores e intelectuales en diversos periodos, tocando con ello la noción de identidad y las dinámicas subjetivantes productoras de sentido y significación (Achugar y Caetano, 1992). Si los componentes de todo ello han sido tomados directamente de formas modernas y disciplinarias típicas de finales del siglo XIX y principios del XX, la cuestión de la pedagogía social, ilustrada y formativa, es un aspecto cualitativamente sustancial en sus valoraciones y afectos asociados, siendo la primaria pública todo un símbolo nacional.
            El problema se focaliza principalmente en la educación media, en los jóvenes y adolescentes, así como en el profesorado, la gestión administrativa de todo ello, y las políticas estatales. La crisis del sistema educativo y el discurso de la inseguridad más reiterado en diversas esferas mediáticas están íntimamente relacionados: son los jóvenes y adolescentes, principalmente de aquellos territorios abandonados o mantenidos históricamente en la precariedad (Wacquant, 2007; Álvarez Pedrosian, 2013), quienes constituyen la otra mitad del sistema, del otro lado de profesores, técnicos sociales, administrativos y políticos. Al promover la universalización de la conectividad a Internet, alcanzando los mayores índice de América Latina gracias al Plan OLPC de los ordenadores portátiles a los alumnos escolares, se da una extraña situación donde los jóvenes y adolescentes tienen un marco de oportunidades de acceso a información a la vez que los espacio-tiempos formales para la educación se sostienen por lo general con bastantes inconvenientes. Como lo explicitó recientemente el actual presidente, Tabaré Vázquez, quien impulsara el plan más arriba indicado en su primer mandato, la educación contemporánea está en crisis porque no se ha logrado encontrar la forma de acompasar las transformaciones tecno-sociales, todo lo cual no niega, al mismo tiempo, la existencia de "efectos de la persistente desigualdad en la construcción de la subjetividad" (Morás, 2012, p. 140).
            En una sociedad y un Estado con las características del uruguayo, la ley de presupuesto nacional, en el primer año de un periodo de gobierno, constituye un proceso neurálgico, donde se decide la forma en que distribuye lo que hay. Este año suscitó una movilización por parte de sectores del ámbito educativo que conmocionaron fuertemente el paisaje mediático local, al punto de poner en tela de juicio de forma irreversible aquél "ideomito" del panteón nacional (Trigo, 1997). Pero antes de que los micrófonos y las cámaras se concentraran obsesivamente en lo que pasaría con integrantes del sindicato de docentes de educación media y estudiantes, una denuncia al estilo del show televisivo marcó un cambio de rumbo en las fuerzas sociales en tensión. La unión de trabajadores nacional, lograba, poco a poco, ir poniendo la discusión del presupuesto en un plano mucho más general y decisivo, ante los fantasmas de la crisis mundial y los recortes o limitaciones así justificadas. Si el Uruguay alcanzaba un desarrollo sin igual en el último siglo, llegaba el momento de plantear en la esfera pública un debate en torno a la distribución de la riqueza, y así como se establecen salarios básicos y demás, se plantea hacer lo mismo hacia arriba, con las ganancias del empresariado. Esto volvía a poner al Uruguay en diálogo con las realidades de otras zonas del planeta donde se supone hay un desarrollo aprobado por la gran mayoría del establishment. Los empresarios se vieron fuertemente amenazados, y negaron cualquier posibilidad en la primera oportunidad, a partir de entrevistas y debates en prensa escrita digital e impresa, así como en televisión. Para la conmemoración del 1° de mayo siempre relevante en lo local, se esperaba llegar al máximo del clima de reivindicaciones.
            Pero unos días antes, se hace pública una denuncia de maltrato por parte de funcionarios en correccionales y otros ámbitos de trabajo con la menoridad infractora. No creemos que se trate de una táctica premeditada, pues los factores e intereses en juego son múltiples, y sus resultantes también. Lo cierto es que los acontecimientos se anudaron de esta forma, e incluso en lo que podría ser un mismo sector político amplio, el de las típicas contradicciones de un gobierno de izquierdas y las fuerzas sindicales que le dieron consistencia y luego aparecen como dos actores políticos enfrentados. Nuevamente entra en escena la juventud y adolescencia, que es emergente de los problemas por excelencia, donde se evidencian las contradicciones, perplejidades y sin-sentidos de los sistemas políticos y las sociedades contemporáneas. Un video tomado por una de las cámaras de seguridad de un centro, y difundido por las entonces nuevas autoridades, muestra cómo un par de jóvenes rompen algunas baldosas y otros elementos del equipamiento del lugar, e incitan a adultos a que se presenten. Allí tenía cita una asamblea gremial, lo que provocó que se encontraran muchísimos más trabajadores que lo habitual, los cuales irrumpieron "en patota" y atacaron violentamente a los muchachos. Estas imágenes recorrieron todas las pantallas durante semanas y despertaron debates mediáticos muy intensos, desde talk shows a publicaciones periodísticas de investigación. Entre los presentes en el acontecimiento se encontraba uno de los principales dirigentes sindicales del país, quien fue acusado de participar. A partir de ello, se puso la mira en el sector de trabajadores estatales, tan importante por las características de un país fuertemente estructurado desde sus organismos públicos, y el debate tomó otro cariz.
            Después de ello, la estrategia del sindicalismo nacional pareció quedar eclipsada. Casi no se volvió a discutir sobre los márgenes de ganancia y acumulación del capita, mientras incluso aunque la economía no dejara de crecer se vieron afectados negativamente los salarios y recursos para políticas que venían avanzando en los gobiernos de izquierda anteriores. Es cuando el gremio particular de docentes de educación media se lanzó a un combate frontal por asegurar un histórico aumento salarial que hiciera posible en los hechos que un profesional de la educación pueda desenvolverse en su vida. Durante las últimas décadas, en especial en la crisis de 2002 y los años siguientes, el sistema educativo se vio completamente desbordado por las problemáticas sociales que aquejaban a los alumnos y sus familias, incluso teniendo que dar lugar a funciones que no le son propias y que terminaron siendo centrales para el sostén de la vida de estos, como los comedores de alimentación. Si bien las mejores de esta última década son reconocidas por el sindicato, la situación distinta aún mucho de estar cerca ante las demandas de excelencia y calidad que además se le exige al propio sistema.
            De esta forma se da un estallido. A paros y manifestaciones muy recurrentes, se suman ocupaciones de locales de enseñanza, algo tradicional en la lucha sindical estudiantil y de docentes. Pero ocurre algo nuevo: un grupo de alumnos deciden ocupar las sedes del organismo de gobierno de la educación, en unas oficinas céntricas donde se encuentran otras dependencias. Podemos reconocer aquí formas contemporáneas de protesta y lucha, al estilo de las ocupaciones de espacios públicos que han recorrido calles y plazas de Europa y Estados Unidos en los últimos años (Harvey, 2013). Se presenta una suerte de vacío legal, y las negociaciones no cesan, intentando desmontar la operativa lo mejor posible, y con ello bajar el nivel de conflictividad. Pero la noche en que los grupos policiales de choque se presentan para desalojar el área, todo se torna raro y confuso. Grupos pequeños que aparecen siempre cuando se dan estos choques en los espacios urbanos, se hicieron nuevamente presentes en las puertas. Los adolescentes son evacuados por detrás y no se respetan acuerdos previamente establecidos que permitían mantener la ocupación del área educativa y libre las demás oficinas estatales para que puedan funcionar. Mientras tanto, adelante, los presentes comienzan a atacar a la policía con elementos del equipamiento urbano, arrojando lluvias de piedras y demás. Todo es tomado por cámaras de seguridad instaladas en esta zona céntrica de la ciudad, y nuevamente estas imágenes se convierten en omnipresentes durante semanas. Algunos de los participantes son identificados y el Estado presenta denuncias penales. Los estudiantes que habían liderado la ocupación, con apoyo de otros gremios estudiantiles como el universitario, se manifiestan reacios a lo acontecido, desligándose de aquellos "grupos violentos" que parecen haber aprovechado la situación para llevar el conflicto al punto de pasar a la violencia directa, la victimización y la aterradora presencia cercana de la desintegración social.
            Los juicios están en marcha. Discursos en contra de profesionales de la educación se esparcen por doquier, especialmente en radio y televisión, así como en las redes sociales donde ya estamos acostumbrados a encontrar una supuesta libertad de expresión que toma forma de fascismo, por su intolerancia, desprecio e incontinencia en los contenidos de los mensajes emitidos. La representatividad sindical es puesta en duda, incluso desde el discurso de periodistas que por lo general se posicionan afines al gobierno de izquierda y el movimiento sindical en general. Las recientes elecciones a la interna del sindicato de la educación, dan un 50% de votos en blanco, lo que potencia esta visión de que los conflictos son llevados adelante por "extremistas" a los que no responden las maestras y los profesores. Aún no se ha saldado este capítulo, y si bien las cosas se encuentran más tranquilas, es sabido que el conflicto sigue latente. No deja de ser muy extraño todo esto: se trata del campo educativo que históricamente fue pilar de los movimientos progresistas de la sociedad uruguaya, donde como vimos se encuentra uno de los principales mecanismos de construcción de subjetividad moderna. Pero es uno de los más importantes emergentes para comprender por dónde y de qué forma pasa la crisis, como decíamos al principio, de forma concreta, singular y singularizante. Lo crítico es el desprecio a los trabajadores de la educación, que en gran medida circuló por los diferentes medios y sus mediaciones, cuando se trata de quienes tienen bajo su responsabilidad la formación de los niños, jóvenes y adolescentes de una sociedad, y en especial se convierten en el sostén por excelencia en aquellos territorios donde la precariedad social es más acentuada.



La "utopía reaccionaria"

"Un presente que, como dijimos, se revela como tiempo en suspenso: entre la ironía del eterno retorno de lo mismo y la preparación infinitesimal de una variación histórica... En el impasse se configura así un juego incesante de frustraciones y expectativas." (Colectivo Situaciones, 2009, p. 9-11).

            En ambos ejemplos tomados, lo relativo a las formas de habitar y sus territorializaciones existenciales, y el ámbito educativo general, en especial la educación media donde se encuentran las nuevas generaciones de cara al futuro, nos encontramos con las perplejidades propias de los combates políticos de las sociedades contemporáneas, en especial las latinoamericanas. Podemos encontrar por detrás del manto de obviedades y simplificaciones en nombre de la economía monetaria, las formas en que efectivamente se experimenta una crisis mucho más profundo y extensa en el tiempo de la que se reduce a la comenzada en 2008 en los Estados Unidos con el estallido de la burbuja inmobiliaria. Como planteamos al principio de este ensayo, América Latina tiene una larga historia de luchas y resistencias sobre una condición de explotación que no la posiciona de igual forma ante el panorama actual. Más en concreto, regiones del continente como en las que se inserta el Uruguay, se encuentran a su vez en una suerte de camino inverso, donde el desarrollo general ha marcado la pauta en esta última década, lo que genera una contradicción en cierto plano, un mundo globalizado que se pretende mostrar como totalidad en crisis, siguiendo el mismo paradigma civilizatorio occidental resquebrajado y arruinado como única alternativa posible, aquél "mundo como imagen" (Heidegger, 2010; Silva Echeto, 2014), aunque sea esta algo lamentable y decadente. Se trata, efectivamente, de la versión contemporánea del devenir de la modernidad, fruto del nihilismo al que la razón instrumental nos ha dirigido (Martín-Barbero, 1995). No todo se reduce a ello, claro está, y un sinfín de prácticas, procesos y nuevos proyectos no dejar de nacer y desarrollarse, aunque sea a duras penas (Guattari, 2004).
            En el Uruguay contemporáneo, se hacen evidentes las contradicciones y los límites de lo posible, así como se vislumbran las fisuras y grietas por donde pueden encaminarse las transformaciones, en aquello que el último Foucault tan lúcidamente llamaba -retomando la crítica kantiana pero invirtiéndola- ontología del presente o de nosotros mismos (Foucault, 2002). Real de Azúa (1964, 1984) fue muy visionario al analizar la singularidad de la sociedad uruguaya en término socio-políticos según un modelo de amortiguación a los cambios, un conservadurismo revolucionario, donde los impulsos encontraban los frenos de forma dialéctica y con ello, la inhibición de dinámicas de emancipación que al mismo tiempo parecieron siempre tan cerca, factibles de ser realizadas, en un país "del tamaño de la utopía" (Achugar, 1992). Cuánto tiene todo tipo de formación moderna y sus derivas de este esquema aquí concretado en un rincón de América Latina... allí radican los aprendizajes más en general que pueden extraerse de todo esto. Si bien esa sociedad de las "cercanías" parecía un hecho incuestionable a lo largo del último siglo principalmente, las desigualdades siempre estuvieron presentes en su seno, y los ciclos de crisis sucesivas de las últimas y primeras décadas del cambio de milenio no hicieron más que extender y profundizar la brecha entre la amplia masa de clases subalternas, incluida la laxa clase media que parece imaginariamente abarcarlo todo, y los pequeños sectores acomodados que, como en todo el mundo, retienen la gran mayoría de lo que producimos todos.
            Si las grandes mejoras realizadas en esta última década, a contrapelo de esa crisis financiera que quiere implantarse en todos lados, ha sido sustancial, no dejamos de estar inmersos en la dialéctica binaria de los impulsos y los frenos. Cómo comprender que existan realidades tan precarias entre los más vulnerables, en una sociedad que no presenta crecimiento demográfico a diferencia de la gran mayoría de las restantes poblaciones del planeta; cómo concebir que el campo educativo, donde cada vez más se desarrollan las experiencias vitales de los niños y adolescentes, se encuentre en una situación tan decepcionante para todas las voces involucradas, y que al parecer no puede modificarse. Se trata de un gran freno, acompañando a un gran impulso.

La conjunción de los tres elementos –la magnitud del crack «normal», la subida de los costes de producción y la presión extra sobre el sistema que supone el crecimiento chino (y asiático)– significa que hemos entrado en una crisis estructural. El sistema está muy lejos del equilibrio y las fluctuaciones son enormes. De ahora en adelante, estaremos viviendo en medio de una bifurcación del proceso sistémico. La pregunta ya no es «¿cómo se reparará el sistema capitalista y renovará su empuje hacia adelante?», sino más bien «¿qué reemplazará al sistema?, ¿qué orden surgirá de este caos?». (Wallerstein, 2010, p. 134).

            ¿Nos encontramos, por tanto, ante una crisis cualitativamente diferente a los históricos ciclos del capitalismo? ¿Cómo concebirla más allá de aspectos estrictamente económico-financieros y ponerla al nivel de la producción de subjetividad, deseo y realidad? Cuando ya no son posibles, aparentemente, más dictaduras cívico-militares para sojuzgar una sociedad en marcha, cuando las políticas neoliberales tampoco pueden imponer un nuevo "pensamiento único", las formas de explotación y control adoptan nuevas facetas, desde la instauración del terrorismo como nuevo estado de guerra generalizado (Álvarez Pedrosian, 2006) al temor por perderlo todo, empezando por la vivienda y el entorno vita más elemental para cualquier sujeto. Una vida precaria, una existencia triste y lamentable parece ofrecerse como nueva versión que explique, como todo mito, la razón de ser de la explotación del hombre por el hombre, la injusticia, el sufrimiento y dolor de la inmensa mayoría del planeta. Estados policiales (Wacquant, 2012; Fassin, 2013), la sofisticación de los mecanismos de control en términos biopolíticos, nos hacen cuestionarnos una y otra vez la producción hiperreal de un mundo apocalíptico. Pero esto no es lineal y homogéneo para todo planeta, algo que quizás muchos de los discursos generados a partir de las realidades europeas no se permiten comprender, centrados todavía en formas colonialistas, incluso aunque las intenciones sean las contrarias.
            En nombre de la "crisis mundial", se justifican ajustes económicos, reducciones de inversiones que hacen al fortalecimiento de los impulsos que han ido transformando para mejor las condiciones de la mayoría de la población. Propio de las dinámicas hiperreales, la economía que sigue presentándose como el discurso más objetivo posible, muestra su profunda condición subjetivante, donde en nombre del temor a la pérdida de confianza de inversores y mercados se decide sobre las condiciones de existencia de todos. Para el Uruguay esto llega a ser muy patente, cuando lo que oficialmente se plantea es que existe una "desaceleración" de la economía, ni siquiera una pérdida de crecimiento, y con ello ya es suficiente para frenar los cambios. Se podría pensar que deben ir a un mismo ritmo, y si uno se enlentece debe hacerlo el otro también. Parece que no hay forma de salirse de la axiomática de la economía capitalista, a pesar de tratarse de Estados que se definen por haber sido apoyados y sostenidos por multitudes que aspiran hacerlo.
            El mayor agente de lucha en el Uruguay contemporáneo es el movimiento obrero organizado. El rol que la sindical de trabajadores ha ido adoptando en su lucha, en el contexto de gobiernos en primera instancia tan cercanos, ha ido ganando cada vez más fuerza. Y en tal sentido, si bien el mapa ideológico-político tradicionalmente planteado en términos de izquierdas y derechas se mantiene, se hace evidente el otro gran corte a la interna de las sociedades, entre los de arriba y los de abajo, tal como en España se ha ido planteando últimamente. Las democracias occidentales han ido adoptando esta forma donde se paralizan o frenan los devenires emancipatorios, lo que se expresa en numerosas contiendas electorales donde dos bloques se enfrentan casi mitad a mitad, y la alternancia entre izquierda y derecha puede convertirse tan solo en el cambio de gestores de una misma administración. Por eso la insistencia en poner en evidencia las nuevas formas de regulación de las desigualdades, sin abandonar los espacios tradicionales de lucha pero abriéndose a nuevos frentes.

            Uno de los principales dirigentes de la central única de trabajadores (el PIT-CNT), en medio de esta encarnizada lucha por el presupuesto nacional en el tercer gobierno de izquierdas del Uruguay, planteó en un acto llevado a cabo en una de las últimas movilizaciones, ya directamente ante la sede de la Cámara de Comercio local, con manifestación mediante y ante las cámaras y micrófonos de todos los medios, la existencia de lo que calificó como una "utopía reaccionaria". Esta se encontraría promovida por parte de quienes aspiran a deshacer el camino recorrido de "inclusión", a retroceder en las conquistas que la masa trabajadora ha logado en estos años, con beneficios directos para la parte "suplementaria" de toda partición, para ese "todos incontable" que aterra históricamente -el tan mentado "pueblo"-, desde el origen de la democracia, a las fuerzas más intensas en sus modos y mecanismos a disposición (Rancière, 1996). ¿Cómo poder justificar, en los mismos términos economicistas, que incluso no se mantenga la proporcionalidad en las mejoras de la redistribución de las cargas y beneficios, en nombre de las turbulencias, inseguridades e incertidumbres de los mercados? ¿Cómo seguir sosteniendo la dialéctica del impulso y su freno en un mundo donde dicho mecanismo está agotado?

            Difícil parece ser, esperar de los grandes medios masivos de comunicación un espacio para dar cabida a nuevas narrativas, donde se retomen experiencias afirmativas en la búsqueda de nuevas formas de existencia. Pero también nos encontramos con que la gran plataforma de lucha, constituida principalmente en el marco local por el movimiento sindical, si bien sufre los reveses del combate mediático, ha tenido la posibilidad de ingresar a dicha esfera, quizás más que nada en los ámbitos públicos de la radio y la televisión. Las nuevas leyes necesarias para la regulación y democratización de los medios también ha sido fuente de controversias y no llega a satisfacer a casi nadie, pero la posibilidad de contar con un canal asignado a la sindical es todo un mérito. Esto da esperanzas, muestra que el juego no es tan maniqueo como las teorías conspiratorios gustan simplificar. Los trabajadores de la comunicación se comprometen en una misma lucha de la que son parte, y a pesar de todas las desigualdades que históricamente han pautado el acceso a los medios, una democracia del Sur va ganando en vitalidad y potencia, ante los ojos y la atención esperanzada de los antiguos centros de poder colonial.


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