Narrativas barriales: Ep. 3 Alberto



Ciclo Narrativas barriales (Labtee-FIC-Udelar - Bibliobarrio - TV Ciudad, Montevideo, 2018).

Ep. 3 Alberto. Pque. Líber Seregni, un cambio de paradigma

Emitido en Informe Capital, TV Ciudad,  21-09-2018

Narrativas barriales: Ep. 2 Raquel.




Ciclo Narrativas barriales (Labtee-Udelar - Bibliobarrio - TV Ciudad, Montevideo, 2018). Ep. 2 Raquel. Sierra y Miguelete: la esquina moderna que no fue Emitido en Informe Capital, TV Ciudad, 14-09-2018

Narrativas barriales: Present gral Ciclo y Ep. 1 Gloria



Presentación general del ciclo Narrativas barriales (Labtee-Udelar - Bibliobarrio - TV Ciudad, Montevideo, 2018). Ep. 1 Gloria. Servicio de pasajeros de trenes: un auténtico Ave Fénix. Emitido en Informe Capital, TV Ciudad, 07-09-2018

Sentidos de lo experimental en la etnografía contemporánea. Un debate epistemológico


Inicio > Núm. 18 (2018) > ÁLVAREZ PEDROSIAN

SENTIDOS DE LO EXPERIMENTAL EN LA ETNOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA. Un debate epistemológico

Eduardo ÁLVAREZ PEDROSIAN

Resumen


En este ensayo nos proponemos problematizar la concepción de lo “experimental” en la etnografía contemporánea a partir de preguntarnos sobre los sentidos que pueden considerarse al respecto, en particular aquellos que evaluamos como los más fértiles para su desarrollo. Un primer haz de sentidos nos exige plantearnos el rol de la experiencia en la producción de conocimiento etnográfico en todas las etapas del proceso. En segundo lugar, llegamos al corazón de la problemática epistemológica recuperando los sentidos de lo experimental provenientes de las ciencias naturales, las artes y la filosofía más afines a la labor etnográfica. Concluimos por último, con una serie de consideraciones sobre la necesidad de superar la dicotomía entre tradición e innovación de una forma pos-vanguardista, encontrando en la revolución permanente la mejor dinámica que se ajusta a esta estrategia de investigación e intervención.

Palabras clave


Etnografía experimental. Producción de conocimiento. Creación conceptual. Laboratorio antropológico. Revolución permanente. Experimental Ethnography. Knowledge Production. Conceptual Creation. Anthropological Laboratory. Permanent Revolution

Texto completo:

PDF


DOI: https://dx.doi.org/10.17561/rae.v0i18.3531


"Si derrumban Los Palomares y dejan sola a la gente es barrer abajo de la alfombra" (Entrevista)




"Si derrumban Los Palomares y dejan sola a la gente es barrer abajo de la alfombra"


Una investigación ilumina la trayectoria y diversidad del barrio Casavalle

Viaje, etnografía y arquitectura: comunicar la experiencia de la espacialidad







Conferencia en el marco de PLEXO - Territorios lúdicos, Proyecto Académico del Viaje de Arquitectura 2018, FADU-Udelar, 15 de febrero de 2018, Montevideo.

Versión completa en vídeo


Habitar la movilidad: el andar del transeúnte urbano contemporáneo











Ponencia de Eduardo Álvarez Pedrosian en el Foro Seguridad Vial, Comunicación Reflexiva: sobre la influencia de la comunicación en la implementación de las políticas públicas con énfasis en seguridad vial

Organizado por la UNASEV-Presidencia de la República, con el auspicio de la Organización Mundial de la Salud (OMS-ONU) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el apoyo de la FIC-Udelar, 31 de octubre de 2017, Montevideo.

A un año de la nueva plaza Casavalle: Entrevista a Eduardo Álvarez Pedrosian






9-12-2014 - 15:00

Entrevista realizada por la Unidad de Comunicación del Municipio D a Eduardo Álvarez Pedrosian, autor del libro Casavalle bajo el sol

La entrevista fue realizada en la Plaza Casavalle, epicentro de la investigación que Eduardo Álvarez Pedrosian realizó durante los años 2007-2009. La Plaza no existía, tampoco el SACUDE ni espacios institucionales como el mismo Plan Cuenca Casavalle.

Por eso lo invitamos a compartir los aportes más destacados del libro, de su experiencia con el territorio desde el mismo territorio, brindando una mirada en perspectiva histórica reciente, dando cuenta de permanencias y cambios detectados previo al primer aniversario de la Plaza Casavalle: Un lugar para todos.

La entrevista está dividida en 6 partes a las que se puede acceder a continuación.






Entrevista a Eduardo Álvarez Pedrosian

Diseño en y de las territorialidades del Oeste montevideano



Exposición en la Jornada Diálogos para el Oeste que se viene. Programa Apex-Cerro (CSEAM-Udelar). Con la participación de Equipo Centralidades Urbanas, Instituto de Teoría y Urbanismo (ITU-FADU-Udelar), Municipio A (Intendencia de Montevideo) y AJUPEN FOICA (Federación de Obreros de la Industria de la Carne y Afines), Programa en Comunicación, Arquitectura, Ciudad y Territorio (ACTCom, Labtee-FIC-Udelar), Montevideo, 29 de marzo.


Nota de prensa Municipio A - Montevideo

El habitar como mediación ambiental: el diseño de nuestras prácticas entre el determinismo y la libertad




Programa


Exposición en las XV Jornadas de la Red Temática de Medio Ambiente (Retema): derechos humanos y medio ambiente. Organizado por la Retema-Udelar, 13-14 de septiembre de 2017, Montevideo.



Toda la Mesa disponible:






Texto publicado sobre la conferencia:

Álvarez Pedrosian, E. (2018). El habitar como mediación ambiental: el diseño de nuestras prácticas entre el determinismo y la libertad. En Actas de las XV Jornadas de la Red Temática en Medio Ambiente (Retema): Derechos humanos y ambiente (47-50). Montevideo: Retema-Udelar - INDDHH-Poder Legislativo-Uruguay.



Nuestra propuesta está focalizada en la investigación e intervención de las prácticas del habitar y los ambientes de vida, y con ello intentamos aportar en la comprensión de lo territorial y los procesos de subjetivación en general. A partir de la práctica etnográfica, del conocimiento desde la inmersión y el distanciamiento simultáneos gracias al extrañamiento antropológico, procuramos crear conceptos que sirvan en tal sentido. Esas son las coordenadas epistemológicas de lo que vamos a tratar a continuación.
Esta cuestión del habitar, como manera de comprender la relación entre los factores humanos y no humanos que hacen a los territorios y las territorialidades, es uno de los aspectos decisivos en el horizonte contemporáneo. Cómo concebimos el ambiente, cómo tratamos de superar el pensamiento dicotómico para ganar en complejidad y estar a la altura de los fenómenos que acontecen cotidianamente. De esto depende la posibilidad de proyectar y llevar a cabo otras políticas, otra gestión, poniendo directamente en juego la cuestión principal o meollo de estos asuntos como se expresó en la mesa anterior, el llamado cambio cultural. Siempre ese último resquicio, ese último punto, que no es último en ningún sentido, pero es siempre lo que queda como en suspenso.
Veamos una serie de conceptos, dimensiones que yo les quería plantear, que tienen que ver con las perspectivas disciplinarias, transdisciplinarias y, por último, relacionarlas de manera ilustrativa con una de nuestras investigaciones que refieren a estos fenómenos.
Es muy famosa la conferencia de Martin Heidegger en el año 1951 a la asociación de arquitectos y promotores urbanos alemanes, en la época de la reconstrucción posguerra (Heidegger, 1994). Ahí surge esta cuestión del habitar como concepto fundamental y recién en los últimos años se está revalorizando. La propia concepción de lo humano, que la antropología contemporánea pone cada vez más en problematización, está planteada desde esta filosofía que trata, como él dice, de "destruir la metafísica occidental". Es decir, que no quede ninguna esencia humana en pie. Es complicado, porque ahí sí que se nos mueve completamente el piso. No podemos recurrir a ninguna definición estable de lo que somos nosotros mismos. Sería en ese nivel de radicalidad que se necesita reflexionar y conceptualizar.
¿Eso quiere decir que no existan derechos humanos? Por supuesto que no. Tiene que ver con lo que planteaba Juan Faroppa en su presentación, con una concepción procesual, en devenir, donde los derechos cambian, porque cambia lo que somos nosotros mismos, como seres. En definitiva, el ser es devenir, es proceso, es transformación. Eso sí, como él también señalaba, no resulta positivo perder los que se conquistaron, no tendría que haber marcha atrás en esto, lo que responde a la irreversibilidad de dicho proceso.
La conferencia de Heidegger se llamaba Construir, habitar, pensar (Heidegger, 1994). En un trabajo nuestro hemos propuesto un desplazamiento de la trilogía conceptual a la de componer, habitar, subjetivar (Álvarez Pedrosian y Blanco Latierro, 2013). Construir no solo en términos materiales, sino componer la existencia. Habitar se mantiene como el corazón de la cuestión y no solo se trata de pensar, se trata de cualquier actividad que produzca subjetividad, de subjetivarnos, convertirnos en seres que existen. En ese sentido, lo que las ciencias humanas y sociales han puesto siempre sobre la mesa, es cómo los factores inconscientes, paralógicos, afectivos y emocionales son incluso más importantes que los racionales, o por lo menos complementarios (Guattari, 1996). Lo racional es la punta del iceberg para entender las cosas. Muchas veces caemos en la falacia de creer que solo con el razonamiento lógico alcanza para esto y no es así. Por eso es tan difícil entender por qué a veces no se cambia la manera de habitar si se transforman las condiciones materiales.
La composición que llamamos ambiente y que nos incluye a nosotros mismos como habitantes, puede entenderse como un diseño, un diseño existencial de "ambientes para la vida" (Ingold, 2012). Las prácticas involucradas son las del diseño de nuestros espacio-tiempos, incluyendo las entidades que lo pueblan. Esto tiene tanto que ver con el ambiente antiguamente concebido como más natural, como con el ambiente urbano, el del interior de las viviendas, los entornos virtuales en el ciberespacio. Se multiplican las diferentes dimensiones espacio-temporales entrecruzadas. En los momentos de los años noventa del siglo pasado, en la posmodernidad más en general a otra escala, las ciencias humanas y sociales redescubrieron el territorio para decretar su fin, según los propios términos de Haesbaert (2011). Como muchas modas, rápidamente se hablaba del fin de los territorios. Todo se hace cada vez más complicado y más complejo, más que desaparecer sin más.
El habitante se proyecta en el tiempo y el espacio produciéndose en su historicidad (Heidegger, 1994). Los planificadores proyectan, las autoridades proyectan, pero la vida no para y van dándose síntesis particulares para cada entidad en cuestión, en cada acontecimiento. Entender cómo se sigue viviendo con esos distanciamientos proyectivos que afectan en lo real y que jamás están del todo afuera, es fundamental. "La forma de las cosas" al decir de Flusser (1994) en relación al diseño, está inherentemente implicada en las materialidades reales y potenciales que se pueden alcanzar. No hay moldes aislados de las materias que imprimen, sino prácticas y haceres que se materializan en forma gradual y cualitativamente diferente así como se desmaterializan (Deleuze y Guattari, 1997).
Desde la arquitectura hay también una cuestión que me parece importante y toca otra de las famosas dicotomías, que es la de lo material versus lo simbólico. Las materialidades siempre son expresivas, no son materialidades a secas (Guattari, 1996). Se trata de formas de vida que se expresan, se comunican, y con ello son, a partir de "tramas mediacionales" (Álvarez Pedrosian, 2016). Resulta necesario romper nociones de tipo evolucionista al respecto: no se comenzó con las piedras, con las cosas duras, sino que con el ornamento, las telas, nuevamente, las texturas. En tal sentido: "la historia de la arquitectura resulta, entonces, la historia de las tecnologías ornamentales, entendidas como mecanismos de comunicación" (Wigley, 1994, p. 255). Imaginen que esto se aplica a toda forma de vida, a todo espacio-tiempo modelado como ambiente. Incluso el espacio y el tiempo de nuestras prácticas con el que se entreteje el ambiente, no son coordenadas neutras, sino resultado de acontecimientos y formalizaciones que sí se reproducen social y culturalmente a partir de estructuras de poder.
Uno cae muchas veces en la ilusión de ver las cosas fijas y creer que todavía la materialidad es eso que uno toca y es fuerte, pero todo no para de moverse y estar en proceso, en conflicto y/o diálogo dependiendo de las relaciones de poder y las subjetividades involucradas. Delgado (1999) caracteriza a lo urbano como una estructura en constante estado de transición, "estructurándose" siempre según "materiales perecederos" (Delgado, 1999, p. 25). Lo mismo se aplica para cualquier tipo de ambiente, en diferentes grados, niveles y según agentes específicos. Ser o no consciente de estar actuando en tal sentido, estar o no organizado según estrategias deliberadas, dejarse llevar por el fluir de los acontecimientos del habitar cotidiano más irreflexivo, son diferentes modalidades coexistentes, cada cual importante en sus propios términos, definitorias de los ambientes, nuestros derechos y obligaciones como sujetos habitantes. Foucault (2002) nos invitaba a llevar a cabo una práctica histórico-crítica de investigación e intervención en tanto "ontología del presente o de nosotros mismos". A diferencia de la concepción de la metafísica occidental del ser humano como algo esencial, nos planteaba estudiar los "modos de problematización" que se presentan en cada circunstancia. Los colectivos y movimientos sociales centrados en la gestión, lucha y conquista de los ambientes sustentables, llevan a cabo formas de problematización sobre estos y las maneras de habitarlos. Las concepciones, prácticas y materialidades en juego pueden ser consideradas en función de estas creaciones críticas, pues es allí donde estás las posibilidades de nuevas formas de existencia: qué nos muestran, qué nos hacen concebir y valorar, qué nuevas prácticas conllevan y cómo repercute en lo que somos nosotros mismos y los demás seres y entidades.
En el contexto de intervenciones urbanas llevadas a cabo por el Plan Juntos, procuré trabajar en los efectos posibles y reales en las formas de habitar a partir de los cambios en el ambiente. Territorios en plena transformación, gracias a prácticas que se basan en la auto-construcción de los habitantes, políticas en vivienda social y otras esferas críticas, son el ámbito propicio para investigar sobre la creatividad humana puesta directamente en juego en la construcción del espacio-tiempo que pasa a habitar, condición básica de su existencia. Con ello, busqué aportar al proceso mismo de la intervención social con miras a enriquecer y mejorar las prácticas y sus resultados. El arroyo Pantanoso concentraba las gran cantidad de intervenciones en el Gran Montevideo. Escogí dos casos para ponerlos a dialogar: barrio Amanecer en Cerro Norte - La Paloma y la emblemática Cachimba del Piojo hacia el lado de La Teja.
Las concepciones sobre el paisaje, el entorno, sus seres y entidades, los cambios provocados por una vivienda nueva en las prácticas cotidianas y lo que va generando en la subjetividad de los involucrados, se asocia directamente con dicha materialidad y su forma, en el diseño que se expresa en los agenciamientos (Deleuze y Guattari, 1997), qué habilitan o no ciertas prácticas, qué disponen y de qué maneras. Estas prácticas de un nuevo habitar traen estilos y maneras de hacer (De Certeau, 2000) desde cada una de las trayectorias de vida de los habitantes, de las más tempranas a las que fueron sumándose y reconfigurándolo. Poderlas conocer es indispensable para poner en evidencia la lógica de recomposición en cuestión (que podemos llamar adaptación, pero entendiendo lo profundamente activa que es la dinámica), sus efectos concretos y sus potencialidades.
Nuevos futuros posibles se abren, posibilidades de transformaciones profundas en uno mismo y los seres más queridos, algo por demás intenso y delicado. ¿Solo a los que están en situaciones de precariedad hay que exigirles este involucramiento? (Kaplún, 2010). ¿Por qué siempre "los pobres" tienen la obligación de participar y se les exige que, además de trabajar, criar a sus hijos, encargarse de sostener un hogar, tengan horas y energía para participar activamente en las bases de su entorno y habitar? Los sectores medios parecen quedar tranquilos, las élites ni hablar: se paga y ya está todo resuelto, de hecho siempre momentáneamente. Tener una visión integral del territorio implica esto también: el sufrimiento y la angustia tienen muchas caras y las urbanizaciones cerradas por ejemplo, los "barrios privados" no son una solución, ni para quienes residen en ellos ni para el resto.


Referencias bibliográficas

Álvarez Pedrosian, E. Crónicas de un nuevo habitar. Producción de subjetividad urbana entre las mediaciones de un plan socio-habitacional. Montevideo: CSIC-Udelar. (En prensa)

Álvarez Pedrosian. E. (2016). Las tramas socio-territoriales en las que habitamos: aportes para pensar la composición urbana en clave comunicacional. Informatio, 21 (2), 69-87. En  http://informatio.eubca.edu.uy/ojs/index.php/Infor/article/view/189

Álvarez Pedrosian, E. Blanco Latierro, M. V. (2013). Componer, habitar, subjetivar. Aportes para la etnografía del habitar. Bifurcaciones. Revista de Estudios Culturales Urbanos, 15. Disponible en: http://www.bifurcaciones.cl/2013/12/componer-habitar-subjetivar/

De Certeau, M. (2000) [1990/1980]. La invención de lo cotidiano 1. Artes de hacer. México: Universidad Iberoamericana.

Deleuze, G. Guattari, F. (1997) [1980] Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia
II. Valencia: Pre-textos.

Delgado, M. (1999). El animal público. Hacia una antropología de los espacios urbanos. Barcelona: Anagrama.

Flusser, V. (2002) [1999]. Filosofía del diseño: la forma de las cosas. Madrid: Síntesis.

Foucault, M. (2002) [1984]. ¿Qué es la Ilustración? En Foucault, M. ¿Qué es la Ilustración? (81-108). Córdoba (Arg.): Alción Editora.

Guattari, F. (1996) [1992]. Caosmosis. Buenos Aires: Manantial.

Haesbaert, R. (2011) [2004]. El mito de la desterritorialización: del “fin de los territorios” a la multiterritorialidad. México: Siglo XXI.

Heidegger, M. (1994) [1954/1951]. Construir, habitar, pensar. En Conferencias y artículos (127-142). Barcelona: Serbal.

Ingold, T. (2012). El diseño de ambientes para la vida. En Ambientes para la vida. Conversaciones sobre humanidad, conocimiento y antropología (19-34). Montevideo: SCEAM-Udelar – Trilce.

Kaplún, G. (2010) La participación ya no es lo que será. Discursos y prácticas de participación
y comunicación entre el siglo XX y el XXI. En Thornton, R. y Cimadevilla, G.
(eds.). Usos y abusos del participare (209-228). Buenos Aires: INTA.

Wigley, M. (1994). La deconstrucción del espacio. en Fried Schnitman, D. (comp.), Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad (235-264). Buenos Aires - Barcelona - México: Paidós.










I° Jornadas de Precariedad Urbana y Desigualdad Territorial (prólogo)





Álvarez Pedrosian, E. (2017). Prólogo. I° Jornadas de Precariedad Urbana y Desigualdad Territorial. Programa Integral Metropolitano (PIM) - CSEAM-Udelar, Intendencia de Montevideo (Junta Departamental, Municipio F y Consejo Cuenca Chacarita), Montevideo, pp. 9-11.




Prólogo



            Es para mí un honor y una gran alegría compartir con los lectores la publicación de estas jornadas sobre precariedad urbana y desigualdades territoriales. Este pequeño prólogo no es más que una invitación a adentrarse en la espesura de contenidos tan profundos y necesarios desplegados por todos quienes participaron durante los dos días en que tuvo lugar, en el Centro Cultural Bella Italia, en la populosa barriada homónima de Montevideo. Para quienes estamos dedicados a estas problemáticas, el haber podido colaborar en ellas -en mi caso como coordinador de uno de los talleres-, como el contar con esta publicación para las futuras acciones de aquí en más, marcan un antes y un después.
            Ello por varias razones. En primer término, como se verá a lo largo del libro, el encuentro fructífero entre vecinos, técnicos y académicos, no es poca cosa. Cierto es que existen muchas aspiraciones bienintencionadas al respecto, pero la complejidad de la comunicación entre esferas y campos de saberes y quehaceres más en general, totalmente tensionados por relaciones de fuerza muy desiguales, hacen de esta aspiración algo muy distante de las realidades concretas que pueden alcanzarse. Esta experiencia, por eso, creo que marca un hito al respecto, fruto de los esfuerzos de todos quienes se articularon para trabajar juntos en medio de estos desafíos. Cada lector evaluará el grado y tipo de transversalidad alcanzada, tan solo les propongo tener en cuenta desde el arranque que estas conexiones están presentes en las prácticas de los propios protagonistas, desde la gestión ministerial o la planificación urbana municipal, a los ámbitos sindicales, así como de enseñanza, investigación y extensión universitaria.
            Y en segundo lugar, las problemáticas que nos convocan son de una importancia tal para el desarrollo de nuestra sociedad toda, que exigen a un mismo tiempo desplegar miradas tácticas y estratégicas, proponer soluciones a mediano plazo como poder imaginar grandes transformaciones a lo largo del tiempo. La falsa dicotomía entre pensar y actuar, entre teoría y práctica, se desvanece en pos de unas prácticas productivas con horizontes de transformación al mismo tiempo que se sustentan en los caminos de materializaciones que paso a paso van jalonando las conquistas colectivas: esto es lo que la misma práctica de la transformación del entorno nos enseña, lo que se encuentra "entre" los haceres del vecino que autoconstruye para mejorar su vivienda, los obreros que levantan con sus manos la ciudad, los arquitectos y urbanistas que no se resignan a los constreñimientos de lo existente y exploran nuevas vías de desarrollo. En medio de todo ello, los especialistas de las ciencias humanas y sociales, algunos más investigadores, otros más técnicos, buscamos poner en juego todo lo concerniente a los fenómenos humanos de existencia implicados en el hábitat y el habitar.
            En ambos sentidos señalados, sobre el cómo y el qué entrelazados en esta jornada y su publicación, debemos encontrarnos con una de las concreciones de un proceso mayor, el del Consejo de la Cuenca del Arroyo Chacarita, ámbito donde esto se fue gestando. Todos los participantes tienen preocupaciones y llevan a cabo actividades más allá de la zona específica, por supuesto, pero encuentran en esta el caso para concretar este esfuerzo transversal y transformador. Demás está decir que para los habitantes se trata de algo primordial. Pero también tengamos en cuenta que aquellos que se suman tanto en la Comisión como en esta jornadas en particular, lo hacen porque comparten una mirada más amplia y no se quedan ensimismados en su pequeño mundo cotidiano, lo que sería reafirmar esa misma fragmentación que se quiere superar.
            No resulta nada sencillo aprehender la heterogeneidad de los territorios que componen la zona, ni otras de la llamada periferia urbana. Esta "colcha de retazos" o patchwork, es un tipo de trama socio-territorial por demás escurridiza y difícil de asir. Sin un conocimiento a la altura de las circunstancias no es viable el planteo de alternativas, o por lo menos el poder esbozar y poner en funcionamiento modificaciones con ciertas posibilidades de éxito relativo. Territorialidades de barrios tradicionales al estilo de la ciudad-jardín ocupados por sectores de trabajadores cercanos al medio rural, junto a otros de perfil obrero y sus industrias emblemáticas desmanteladas hace décadas, complejos habitacionales de diversas épocas y tipologías incluyendo cooperativas de viviendas con sus particularidades, así como asentamientos más o menos regularizados, se yuxtaponen y solapan según esta lógica de fragmentación en escenarios de precariedad de larga data, organizados por un gran eje longitudinal cruzado a su vez por otros de rutas secundarias. A ello hay que sumarle la presencia de emprendimientos transnacionales de grandes superficies, siendo el caso paradigmático el enclave de la zona franca, junto a la aparición, ya en el departamento contiguo de Canelones, de los "barrios privados".
            Precariedad concentrada y dispersa, así como la de borde, son configuraciones o lógicas socio-territoriales con sus cualidades distintivas, que se combinan de maneras diversas en nuestros territorios. Complejos habitacionales que se han precarizado de tal forma que se constituyen en asentamientos, pueden estar ubicados a su vez en un denso entramado de concentraciones, o ser parte de una dispersión considerable, representando unidades en medio de terrenos libres de construcciones. Y de la misma forma se dan las demás combinaciones, como se expone en las diversas conferencias brindadas en las mesas respectivas: dispersión de precariedad entre tramas, cual salpicaduras o focos de descomposición, etcétera. Todo ello cambia según la escala, en el movimiento entre dimensiones, desde el interior de las viviendas a la ciudad toda y más allá, en lógicas de visibilidades distintas.
            Las temáticas aquí abordadas y la problematización efectuada por todos los participantes constituyen un insumo fundamental, y como expresé al principio, su publicación marca un antes y un después para todos quienes trabajamos en esto. Confío en que cada lector sabrá sacar provecho de ello, y ojalá en un futuro no muy lejano nos encontremos en una ciudad más inclusiva, con espacios de vida dignos para el desarrollo de todos. El trabajo sobre el hábitat, sobre el diseño de nuestros ambientes, desde una habitación doméstica a una zona de la ciudad, es una condición indispensable para situar cualquier tipo de política social, más aún para hacer sinergia entre ellas e integrarlas en un mismo movimiento de emancipación.


Eduardo Álvarez Pedrosian
Laboratorio Transdisciplinario de Etnografía Experimental
Facultad de Información y Comunicación
Universidad de la República

Marzo de 2017


Navegar en la experiencia de la integralidad




Álvarez Pedrosian, E. (2016). Navegar en la experiencia de la integralidad». En Producción de conocimiento en la integralidad: potencialidades y alcances en la Universidad de la República. Grupo de Trabajo Producción de Conocimiento en la Integralidad, Programa Semillero de Iniciativas Interdisciplinarias, Espacio Interdisciplinario (EI-Udelar) - Red de Extensión (CSEAM-Udelar), Montevideo, pp. 63-72.


Acceso al libro completo


Navegar en la experiencia de la integralidad
Eduardo Álvarez Pedrosian


1. Henos aquí

            Considero que en estos cinco años, desde que aproximadamente se comenzó a implementar la cuestión de la integralidad en nuestro campo académico hasta el presente, se ha avanzado de una manera bastante interesante en varios frentes, no siempre de forma lineal, lo que responde como veremos a cuestiones que hacen a las características del conocimiento y el pensamiento que se produce. Ante todo planteo un enfoque epistemológico al respecto, por lo cual nos encontramos en el intersticio entre las ciencias y la filosofía. Se trata de una bisagra que es también pliegue recursivo, donde aparecen meta-niveles no necesariamente definitivos, pero sí habilitadores de una perspectiva reflexiva, productora de nuevos conocimientos y pensamientos que pueden potencialmente enriquecer el proceso productivo que estamos considerando como tema principal en esta oportunidad.
            El camino de nuestra Universidad creo que ha sido valiente y de un gran compromiso. En algún sentido podemos decir que la apuesta por la integración de la investigación, los procesos de enseñanza-aprendizaje y los de extensión y relacionamiento con el medio más allá del campo específico han significado la apertura de la "caja de Pandora", al habilitar la puesta en consideración y crisis de una serie de supuestos epistemológicos e incluso ontológicos, éticos y políticos. Si no hubiéramos optado por este camino puede ser que las cosas parecieran hoy más sencillas, desde el oficio académico, pero por ello mismo no tendríamos la riqueza de producciones, los debates en marcha, el ejercicio de un pensamiento honesto e involucrado con su mundo como en el que creo estamos inmersos. Por supuesto que todo esto genera incomodidad, incluso temores, pues hace tambalear a todo el edificio de certezas y convicciones más o menos estables. Pero la apuesta lo merece, y los intereses de otras universidades regionales y de otras latitudes sobre este proceso es un buen testimonio de la importancia y alcance que esto tiene no solo para nosotros.


2. Integralidad no como totalidad, sino como articulación

            Cuando pretendemos avanzar en la profundización de la integralidad, no podemos dejarnos llevar por la falacia de la totalización, buscando alcanzar algo así como un absoluto. De lo que se trata es de superar la fragmentación, tanto entre perspectivas disciplinares como entre las llamadas funciones universitarias, las cuales, como hemos desarrollado en otra oportunidad, responden a diferentes órdenes o dimensiones de las prácticas. Esto debemos de tenerlo claramente planteado, de lo contrario perseguiremos quimeras y llegaremos a callejones sin salida en busca de una ilusión. Pues bien, esta articulación, síntesis productiva derivada de la experiencia misma de su generación, no tiene límites, y obedece a diferentes tipos de actividades, con sus respectivos agentes de variada naturaleza y sus agenciamientos. Existen ciertos niveles relativos de consistencia, recursividades y referencias cruzadas que logran auto-sustentar el conocimiento generado en tal o cual circunstancia. ¿Cómo encontrarlos, qué indicadores tomar para saber si alcanza o no lo que hemos hecho al respecto? Por allí van los desafíos, no por el lado de la totalidad o conjunción absoluta de los elementos, perspectivas y actividades, algo que incluso es pernicioso, en tanto eliminación de la heterogeneidad y multiplicidad de nuestras prácticas.
            Es como intentar llevar a cabo actividades integrales a nivel discursivo, pero manteniendo una actitud contrario en los otros, con lo cual las cosas siguen igual a como estaban, o incluso pueden estar peor al generarse falsas expectativas. Me refiero al hecho de que no es posible llevar a cabo prácticas integrales que puedan saturar completamente todas las exigencias en los términos previos a su formulación, desde el esquema heredado de las tres funciones universitarias y sus estándares instituidos: llevando las investigaciones a sus máximas consecuencias, según todos los requerimientos educativos relativos al contexto pedagógico y formativo en el que estemos ejerciendo la tarea docente, y en la máxima condición de extensión posible. Lo que tenemos son combinaciones resultantes, fruto de la experiencia singular generada por todos los participantes en cada caso, donde hay mayores o menores pesos relativos de los componentes. Puede ser que en términos investigativos, un ejercicio de integralidad llevado a cabo en el marco de un curso de grado no parezca ser de relevancia en comparación con lo que sucede dentro de un proyecto de investigación y desarrollo por ejemplo. Ciertamente no son lo mismo, se trata de experiencias diferentes. A su vez, esto no invalida el hecho de que, si se lo hace integralmente, dentro del espacio docente se puedan generar insumos cognoscentes de gran valor, en tanto fermentos, indicios, incluso datos específicos, que puedan inspirar, alimentar, ser reconsiderados en otras instancias. Ni todo, ni nada: cada práctica integral en tanto ejercicio de articulación genera sus propios procesos y productos, que deben ser valorados en relación a los parámetros que emergen en la propia circunstancia de su realización, y desde allí pueden ser retomados por otras prácticas que a su vez harán mayor o menor énfasis en tal o cual orden de asuntos.


3. La gestión de la incertidumbre entre espacios y tránsitos integrales

            Existen diversas concepciones de la investigación, más cuando nos abrimos a diferentes campos y áreas de actividades más allá de las ciencias. A pesar de ello, considero a la creación de conocimiento como su generalidad, en el esfuerzo por caracterizarla en la articulación con la enseñanza y la extensión. Si bien es cierto que existen momentos, situaciones y ámbitos de la investigación más cercanos a la automatización de las tareas, al estilo de las rutinas científicas de procedimientos una y otra vez reproducidos, computación de información generada bajo una misma matriz repetitiva, no deja de ser una cuestión creativa. La aparición de lo nuevo, la divergencia en relación a lo que existe con anterioridad y su prolongación en series hasta donde sea posible realizarlo, puede tener momentos más o menos radicales, pero no deja de ser el corazón de la empresa investigativa.
            Si estamos investigando algo es porque no sabemos y deseamos crear ese saber, y esto es lo que abre y sostiene la marcha en un universo de posibilidades y virtualidades a ser explorado. Si ya tuviéramos las respuestas que estamos buscando no se justificaría realizar los esfuerzos necesarios, soportar el intrincado complejo de ensayos y errores, aproximaciones, reformulaciones y demás. Todo ello, cuando se lo hace con un espíritu integral, es decir, intentando que se inserte en dinámicas de enseñanza-aprendizaje tanto dentro del campo académico correspondiente como en las dialógicas conflictivas con entornos externos de variada índole desde el punto de vista de la extensión, nos exige tener explícitamente en cuenta el problema de su implementación. Pues si una cosa ha caracterizado al modelo de investigación científico-tecnológico hegemónico que llegó hasta nosotros, es la creación de un dispositivo donde se combina el azar y la necesidad, el caos y el orden, la indagación que logra romper radicalmente con la naturaleza fenoménica de forma controlada, siendo el laboratorio experimental su máxima expresión.
            Esta apertura clausurada, creatividad contenida, no es casual, responde a una necesidad muy compartible, derivada de los descomunales poderes que se desprenden de la empresa. Pero ha tenido su contracara en la justificación de una frontera claramente delimitada, o la promoción por alcanzar siempre su establecimiento. De esta manera existe un mundo de expertos e idóneos capacitados, y el resto. Y esto ocurriendo incluso entre las diferentes disciplinas y áreas de investigación. Si bien la integralidad apuesta por una apertura de esta condición, una democratización del conocimiento en tal sentido, en sus mecanismos de producción y gestión, las cosas no son nada sencillas, por el simple hecho de que no todos estamos en las mismas condiciones y eso es muy importante tenerlo bien presente. Creer que con enunciarlo alcanza, es otra gran falacia que más que ayudar a dicho proceso lo puede terminar por hundir ante la terrible experiencia de no alcanzar a producir nada nuevo, no poder crear conocimiento de ningún valor.
            La apertura a lo desconocido necesita de importantes herramientas para poder navegar entre las incertidumbres y perplejidades que una y otra vez se nos presentan. Los caminos de la investigación son variados según los campos y áreas que se consideren, pero lo común junto a la creatividad es la incertidumbre que ella conlleva. El aislamiento o especialización que sigue caracterizando a la mayoría de los espacios académicos de producción, se justifica por este motivo, entre otros de los sentidos que esto puede tener. Abrirnos a la participación de estudiantes de grado y posgrado, dentro de procesos de aprendizaje donde se están formando los investigadores continuamente, o más aún involucrando a diferentes actores sociales ajenos al campo, no puede hacer que se anule esta actividad creativa, sea por convertirse en intolerable la incertidumbre desencadenada por la ruptura con lo dado de toda actividad de creación de conocimiento o por la dispersión y el desorden en el que se puede caer al no contar con ninguna manera de controlar el proceso de apertura generado por esta brecha entre lo esperable y lo desconocido, para no volver a la vieja fórmula tan bastardeada de la doxa y el logos. No es casual que la gestión aparezca entre nosotros como una nueva función a considerar junto a la investigación, la enseñanza y la extensión, en los albores del siglo XXI.
            Hay que desarrollar esta dimensión fundamental para el sostenimiento de las prácticas, pero a costa de una vigilancia para que esta tampoco se convierta en un fin en sí mismo, uno de los grandes males que aqueja a las universidades contemporáneas. Estos dilemas creo que los hemos vivido a través de las diversas experiencias que han conformado el bagaje de la integralidad hasta el momento, en especial bajo la forma de los Espacios de Formación Integral (EFI), los dispositivos en los que se concreta todo esto. Son corrientes las frustraciones generadas, la insatisfacción en muchos casos relativas a lo poco que se ha podido rescatar de las experiencias, o los duros enfrentamientos en términos de la búsqueda de formas de evaluación que permitan decidir qué vale la pena apoyar y qué no. Considero que el paso de Espacios a Tránsitos responde a estas inquietudes, y es una muy buena forma de proseguir con el fomento de la integralidad, pues es reconocer el carácter procesual del fenómeno, tanto desde el punto de vista de los estudiantes que necesitan armar itinerarios de formación más allá de tal o cual asignatura puntual, como de los docentes que al estar investigando no podemos reducir las prácticas a unos pocos meses, con colectivos que se van alternando en forma discontinua.
            Esta misma gestión de la incertidumbre tiene que ser un elemento central en los diálogos transversales, más horizontales, más verticales, tanto con los estudiantes como con los demás actores sociales involucrados desde la extensión y las actividades en el medio. Nuestro compromiso debe ser honesto con esta condición transitoria, precaria, parcial, tanto epistemológica como ontológica, que caracteriza a toda investigación, colectivizando tanto las certezas como las dudas. Es una condición variable pero que está presente tanto antes, como durante y después de que consideramos cerrado un proceso de investigación-intervención. Y todo ello lo hemos venido experimentando concretamente en el enorme esfuerzo que ha generado entre los docentes la implementación de los espacios de docencia integral, los cuales han tenido que luchar contra todo tipo de fragmentación vigente, por los requerimientos formales curriculares, incluso por la falta de valoración dentro de la propia institución que los fomenta pero no los termina de comprender en el marco de las formas preexistentes de computar el trabajo académico. Muchas horas demás para que todo funcione, mayores inconvenientes para gestionar las tareas corrientes, donde se apela en muchos casos a la militancia y la entrega personal confundida con el ejercicio profesional llevado a cabo en calidad de trabajadores.


4. Sin tierra firme a la vista

            Para finalizar con estas pocas consideraciones relativas al camino recorrido y los desafíos que tenemos por delante, me parece pertinente recalar por último en algunas cuestiones relativas a la dialógica no solo entre disciplinas, sino entre las grandes áreas de pensamiento que han configurado nuestra episteme hasta la actualidad, las que se expresan en nuestro contexto universitario en los términos de las grandes áreas en las que se agrupan las diversas facultades y servicios en general. Algo ya he insinuado en lo que respecta a la mirada más amplia que debemos desarrollar en torno a la investigación, entendiendo que está presente no solo en las ciencias y los ámbitos de su aplicación. Hay investigación en las artes, también en la filosofía, y existe una diferencia muy importante entre ciencias exactas, naturales y humanas y sociales. Sobre esto existen variadas formulaciones epistemológicas y gnoseológicas que deben ser tenidas en cuenta para comprender la riqueza y el valor de la singularidad en cada caso, al mismo tiempo que nos permite pensar sobre las articulaciones que estamos llevando a cabo y las que podemos llegar a suscitar.
            Si esto ocurre en lo relativo a la investigación, pensemos en lo complejo que resulta una vez lo concebimos integralmente, es decir, en las peculiaridades que también existen en términos de enseñanza-aprendizaje y las formas de vinculación de estas prácticas en diferentes entornos sociales. Hacer integralidad desde las artes, la filosofía y las diversas ciencias no es similar. Y cuando, a su vez, generamos experiencias donde las combinamos, quedamos inmersos en situaciones muy desafiantes. Creo que a estas alturas del proceso de implementación y desarrollo de una perspectiva integral, podemos prestar mayor atención a todo ello. Si bien la experimentación puede llevarnos a realizar ejercicios combinatorios, implementar espacios docentes y ponerlos en marcha sin más, se hace necesario afinar los procedimientos, enriquecer las reflexiones que se derivan, sacarle mayor provecho a lo realizado para potenciar los futuros pasos a seguir.
            Me parece que cuanto mayor es la maduración de la propuesta de la integralidad, más presencia de lo epistemológico y gnoseológico debe haber, tanto en la formulación de las experiencias como durante su puesta en práctica y las derivaciones posteriores que puedan desprenderse. Sin una perspectiva crítica y creativa sobre la misma producción de conocimiento no es posible afinar los procedimientos, aprender a sacarle partido a cada experiencia integral, encontrar la forma de calibrar nuestra mirada para saber aprender de los aciertos y los errores. Y es que no existe una gran teoría unificada, una meta-teoría que lo abarque todo; eso sería desconocer la investigación filosófica, la epistemológica en concreto, y pretender una vez más supeditar todo ante las ciencias en su versión más estandarizada, reduciendo al pensamiento a una mera actividad administrativa, protocolar.
            Investigar sobre cómo investigamos integralmente, es una tarea que se desarrolla conjuntamente con las propias investigaciones en los diversos dominios de los que se trate. No es algo que esté por encima ni por debajo, sino que viene junto con, en medio de, entre las cosas que hacemos. Sin dudas, esto requiere más trabajo, más preparación, mayor compromiso con las tareas. Esto no reduce la incertidumbre sino que más bien nos pone a la altura de las exigencias que ya nos hemos impuesto, una vez echamos a andar por los caminos de la integralidad.